Huele a corrupción
La prostitución en las calles, casinos y hoteles de Panamá hoy se practica abiertamente ante la hipocresía de muchos empresarios y de la sociedad.
Ya son cientos los hombres y mujeres que se dedican a la profesión más antigua del mundo, que ha proliferado con la apertura de bares utilizados de pantalla para permitir esta y otras actividades ilícitas, como la venta de droga y la trata de personas.
Lo que era un secreto lo confirmó hace meses la Fiscalía de Drogas en una investigación de tres establecimientos de la ciudad capital.
El inusual movimiento de los clientes alertó a las autoridades que, tras las acciones de inteligencia, lograron detectar las irregularidades y arrestar a decenas de personas.
Además, se ordenó el cierre de los tres locales, lo que aseguraba el éxito de la operación “Fiesta”; sin embargo, una lluvia de inconsistencias salen a la luz pública con este escándalo.
Uno de los bares reabrió sus puertas al público, luego que la Fiscalía de Drogas determinara que no existen pruebas para mantenerlo cerrado.
Pero esta decisión contrasta con el expediente del caso, que detalla que un agente adquirió dos tipos de sustancias ilícitas dentro del local.
Ya lo admitió hace meses el ministro de Seguridad al afirmar que el narcotráfico está tratando de penetrar a las instituciones del Estado.
Tras esta polémica decisión se hace impostergable que el Ministerio Público, tan contaminado por denuncias de corrupción, abra una investigación de la actuación de sus funcionarios para verificar si hubo dolo o no.
La Constitución establece que en el país no debe haber fueros ni privilegios para ninguna persona, mucho menos si se mueve en la sombra del delito.