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Huele a podrido…


El sistema judicial atraviesa por otro de sus peores momentos.
Escuchar escándalos sobre interferencia en los poderes del Estado ya no parece alarmar a nadie, y de igual forma, pocos son los que hacen algo por adecentarlo. Por donde uno aprieta sale pus. Pareciera que el rumbo del sistema se encuentra concentrado en pocas cabezas que tienen poder para decidir, actuar, condenar, o resolver casos sin reclamo alguno.

Una bomba de tiempo a punto de explotar. Además, la sociedad parece no evolucionar con respecto a los chismes o arreglos de puestos de magistraturas, fiscalías, asesorías, suplencias, etc. Puestos que requieren de academia y sentido común para ejercerse, se adjudican por amiguismo o por pago de favores, tal vez para cubrir las espaldas.

Las denuncias presentadas deben recibir un trato serio, de investigación por parte de los diputados nacionales, pues archivarlas solo frustra el sentido de participación ciudadana en mejorar la función pública y resta así, credibilidad a las instituciones.

Este tipo de conductas reafirman la falta de transparencia y rendición de cuentas de los funcionarios y la concentración de poder que, a pesar de la hipócrita frase que reiteran los políticos sobre la existencia de separación de poderes, los hechos muestran lo contrario. Escuchar que Mengano le prometió el puesto a Fulano a cambio de favores no hace más que confirmar la inmadurez cívica, humana, y social en que vivimos. Lo peor es que no se ve luz al final del camino y la cosa se hincha más sin calcular las consecuencias.

En cualquier país serio se esperaría una pesquisa por parte de la Asamblea Nacional para investigar las graves denuncias publicadas.

¿Cómo es posible que estemos a merced de casos “fabricados” con testigos protegidos inventados, o que escuchemos que al ex procurador encargado su propio fiscal de drogas le “metió un carro preñado de droga”? Peor aún, ¿cómo es posible que esos casos pasen desapercibidos y que quienes deben ponerse los pantalones los cataloguen de chismes sin antes haber valorado los hechos? No podemos continuar en un Estado de borreguismo, de simpatía temporal en detrimento de todo un sistema.

De seguir a este ritmo, podríamos esperar un escenario parecido al de otras latitudes, como la africana donde las masas despiertan del letargo en el que vivían sometidas desde hace décadas.