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Huelga de maestros


Dice el precepto bíblico: Enseñar al que no sabe. La decisión de los maestros de no asistir a dar clases y recomendar a los padres de familia no enviar a sus hijos a los colegios no puede ser más descabellada e injusta.

Eso constituye fomentar la ignorancia, o sea, condenar a un ser humano a la desesperación, al triste destino del caminar en la vida por senderos pedregosos cuando no espinosos y llenos de ortiga. Es condenarlo a la impotencia, la sumisión, la servidumbre y la esclavitud.

La anunciada huelga, que no implica provecho alguno para los estudiantes, merece ser afrontada por el Ministerio de Educación con firmeza, y sin ambages, descontar sueldos proporcionalmente por el tiempo no trabajado e incluso destituir a huelguistas.

Eso no puede constituir problema alguno porque hay suficientes maestros con quienes reemplazarlos.

Una huelga de educadores no constituye otra cosa que un crimen de lesa humanidad. La solución del problema que la motiva bien merece dialogar, aun cuando resulte largo y tedioso pero no se puede negarle la educación a la niñez.