Huelga sin causa
La publicación de la Ley 69, promulgada por el presidente Ricardo Martinelli, puso fin a la huelga de médicos, enfermeras y auxiliares, después de más de un mes de paralización de los servicios públicos de salud. Al analizar retrospectivamente los hechos, se aprecian nítidamente las contradicciones e incongruencias de una huelga que nunca debió suceder, pero se llevó a cabo por la politización de los dirigentes de la Comenenal, vinculados al panameñismo. Si se compara el proyecto de ley del Ministerio de Salud (Minsa) con la ley aprobada se comprueba que permanece lo sustantivo del proyecto del Minsa. Para empezar, se contratarán médicos especialistas extranjeros para ejercer solamente en las zonas apartadas. Los contratados no ejercerán la medicina en clínicas privadas. No existe atisbo alguno de privatización del sistema público de salud. La prioridad de los contratos debe recaer en médicos, enfermeras, auxiliares panameños. No se contemplan represalias contra los huelguistas que deberán laborar horas extras para recuperar miles de citas y cirugías y percibir el salario mensual, sin descuentos. Las localizaciones geográficas y topográficas sobre dónde no pueden trabajar los contratados no cambian el espíritu del proyecto orientado al aumento de especialistas en áreas de difícil acceso que todos conocen y saben dónde están.
No puede seguir sacrificándose la salud de miles de panameños de limitados recursos económicos en nombre de tergiversaciones demagógicas, interpretaciones maliciosas, consignas políticas de dirigentes politizados. Increíblemente profesionales y técnicos cayeron en el juego politiquero. Los arrastraron a una situación de negligencia en el cumplimiento de su deber con pacientes puestos a su cuidado confiando en su sentido de responsabilidad ética y científica. Moralmente están obligados a realizar una sincera autocrítica. Estamos seguros de que están dispuestos a ayudar a los panameños afectados por dolencias renales, cardiológicas, ginecológicas, oncológicas y de otro tipo que no reciben a tiempo los tratamientos que demanda la salud, debido a la desproporción médica entre especialistas y las poblaciones de esos parajes.
Sin embargo, no se puede distinguir entre ganadores del Estado y perdedores de los gremios. Los únicos perdedores han sido los panameños perjudicados por el desajuste sanitario. El Minsa se desempeña con el propósito humanitario de fortalecer la salud de los que por insuficiencia de recursos y la inhumanidad de un paro, no reciben adecuada atención. La aprobación de partidas presupuestales con el fin de dinamizar la especialización de un número mayor de médicos propiciará que no haya necesidad de contratar foráneos en los lugares apartados. Este es el punto focal del problema: investigar por qué persiste el déficit de especialistas panameños si todos los años se gradúan más médicos en universidades públicas y privadas; ¿qué debe reformarse en el sistema que mediatiza las especializaciones?, ¿se trata de celos de la guardia vieja de la especialización?; ¿hay fallas en la enseñanza? Se necesitan respuestas científicas absolutamente despolitizadas y desligadas de egoísmos seudoprofesionales. Las experiencias traumatizantes debieran desaparecer para siempre.