Humanismo práctico
Las doctrinas monoteístas judeocristianas y musulmanas centran su humanismo en Dios, mientras que los laicos consideran la humanidad como un valor supremo que, en el caso de Occidente, es un pensamiento fundado en la cultura grecorromana, con su determinada valoración del individuo.
El primero es una fe religiosa que cree en Dios para desear el bien de las personas; el segundo es un humanismo práctico y de fidelidad a un ideario moral y ético, como guía para la acción individual.
Pero ¿se puede hacer el bien creyendo solo en Dios y no en el humano? Y si solo se cree en el individuo, con todas sus flaquezas ¿no lo condenamos a abandonarlo a su propia suerte? Humanismo sin ilusiones o humanismo divino, pero ¿por qué no ambas cosas?
Esto requiere voluntad y esfuerzo porque el humanismo existe al margen de la espiritualidad, no de sus deseos, ya que nadie ama u odia dentro de un vacío; además es bueno unir a creyentes y laicos.
El amor entre seres humanos y la bondad que eso inspira, su libertad intrínseca, su dignidad, su carácter, incluso sus necesidades y deseos, todo esto crea un humanismo multiforme, armónico y transcultural que, en las religiones, valora más las formas externas y subjetivas de la fe, con el fin de analizar, clasificar y controlar a sus creyentes de acuerdo con sus doctrinas, porque piensan que toda verdad pertenece a Dios.
El humanismo práctico, en vez, valora el individuo con un racionalismo subjetivo o relativo, con inferencias variables, en disyunción con esa divinidad, pero no con la verdad y la razón.
El problema es ¿cómo relacionar ambos puntos de vista con la verdad?
Nuestros conocimientos, cada vez mayores, ya no se refieren al ser, sino a la realidad circundante y cambiante, un mundo virtual que oculta lo verdadero, tras disolverlo en tanta menudencia, más allá del bien y del mal, casi como una refutación de nuestra sabiduría.
Aquí cabe hablar de la intemporalidad del presente, que es eterno (como dicen los gitanos: “que me quiten lo bailao”), que impide confundir conocimientos con verdades.
La eternidad es ahora, por lo que no debemos separar el deber, el bien, la verdad, la fe, el amor, los valores, los deseos, etcétera, o sea, todo lo que es humano y da conocimiento de serlo, de su propia naturaleza y del destino actual que vive.
Para los creyentes, esto solo es posible mediante un Dios trascendental porque sin esa creencia no existen valores morales ni éticos. Pero el humanismo práctico da una valoración individual a esa gran riqueza y diversidad de formas humanas, sujetas al pensamiento, al relacionar espíritu y materia con el intelecto, no con la religiosidad.
De esta manera, los seres pueden vivir física y moralmente de acuerdo con esos valores humanísticos, a pesar de sus diferencias, pues es la misma naturaleza la que da las pautas del comportamiento moral.
Dios o la naturaleza nos ha creado para ser felices, con la virtud de un humanismo práctico.