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Humildes o soberbios

Por: Redacción 14/07/2015

¿Qué significa ser escéptico? y ¿cómo practicar el escepticismo? No solo sobre ciencias, sino sobre cosas que ocurren todos los días. Es alarmante cómo se tratan los temas que determinan nuestra vida y la de los que queremos y nos rodean. Los escépticos utilizamos el pensamiento crítico. Es una metodología que se cimenta en confiar en el mérito de los argumentos. Básicamente, se trata de razonamiento apoyado en evidencias.

Todos en algún momento creemos en algo: platos voladores, poderes psíquicos, religiones, medicinas alternativas. No nacemos escépticos ni creyentes. Es un proceso, ocurre de manera gradual. Desde adolescente me interesaba la posibilidad de que extraterrestres visitaran la Tierra. Era una idea apasionante, lo mismo que pensar que habían ayudado a la humanidad desde la prehistoria... y quería creer, sin tener más pruebas que el deseo. El camino al escepticismo resultó -y resulta- muy duro. Cuesta mucho darnos cuenta de que no estamos pensando correctamente cuando sencillamente no lo estamos haciendo porque no queremos hacerlo.

Cuando vamos entendiendo la forma más adecuada de percibir la realidad, llegamos a entusiasmarnos tanto ante lo asombroso, lo creativo, lo increíble y lo profundamente hermoso del avance en el conocimiento científico que queremos transmitir a los demás esa inigualable sensación de comprender el mundo y compartir la idea de que no existe la magia ni lo sobrenatural ni algún principio de autoridad ni certeza ni finales felices de cuentos infantiles. Entonces las personas que nos rodean, que son totalmente normales y que lo único que han escuchado es que la ciencia es aburrida, difícil de entender y, todavía peor, que ven a los escépticos y a los científicos como rebuscados, antisociales y soberbios, inclusive como malignos y sociópatas, reaccionan tan vehementemente en contra y de manera tan exaltada que uno termina por sentirse aislado, viendo que es casi una norma que se prefiera la magia a la ciencia basada en evidencias, y la fantasía a la realidad.

El método científico está sustentado por dos pilares fundamentales. El primero de ellos es la reproducibilidad, es decir, la capacidad de repetir un determinado experimento en cualquier lugar y por cualquier persona. Este pilar se basa, esencialmente, en la comunicación y publicidad de los procedimientos de investigación desarrollados y los resultados obtenidos. El segundo pilar es la falsabilidad. Es decir, toda proposición científica tiene que ser susceptible de ser falsa (falsacionismo). Esto implica que se pueden diseñar experimentos que en el caso de dar resultados distintos a los predichos negarían la hipótesis puesta a prueba.

Según estudios en psicología y en neurología, que se sustentan en el método científico, es decir, cumplen con la condición de ser predecibles y falseables, el cerebro humano no parece estar capacitado para el pensamiento escéptico, la opinión predominante es que, por el contrario, parecería estar condicionado para creer, para el dogma, para la certeza infalible, para la fe, es decir, para el razonamiento no basado en pruebas. La transformación de creyente a escéptico es muy difícil porque sucede que cuando se desecha un concepto erróneo, con el tiempo ese mismo concepto se reavivará renovado.

El común de la gente tiene su propia identidad arraigada a su cultura y formación. Lo que más se usa para identificarse es la religión, la creencia o la ideología. La persona que duda es mal vista, la creencia y la ideología se ubican en el nivel más alto. No es accidental que, en política, la lealtad incondicional sea más valorada que la honestidad intelectual, esa que lleva a cambiar cuando el argumento es superior por su coincidencia con la realidad.

Quiropraxia, homeopatía, astrología, acupuntura, flores de Bach, feng shui, ciertas teorías económicas, el psicoanálisis, algunas pseudociencias sociales y cosas por el estilo han sido puestas en evidencia por la ciencia como desprovistas de resultados verificables o como simples engaños, y sin embargo, se reinventan cada día. Y así siguen actuando terapeutas alternativos alejando a la gente de la medicina convencional, hay movimientos antivacunas proliferando por todas partes (evidentemente, nunca han visto enfermos de polio o chicos morir de sarampión y viruela... ¡enfermedades que están reapareciendo por falta de vacunación!) y, sobre todo, se acentúa la falta de cuestionamiento por las cosas que deciden el futuro de todos.

Los creyentes aseguran que los que practicamos el pensamiento crítico o somos escépticos en la vida diaria somos desapasionados, desamorados, incapaces de sentir amor o empatía por los demás. Eso es falso: todos sentimos amor, alegría y emociones como cualquiera, lo que nos diferencia es que nos gusta la realidad tal y cual es. Hemos comprendido que una vez que aprendimos el método para razonar, ya no podemos dejar de pensar, aun conociendo las limitaciones que tienen nuestros cerebros y la manera en que nuestros sentidos pueden engañarlos.

Hay toda una cuestión ideológica que hace que quienes no tuvieron la posibilidad, voluntaria o involuntariamente, de capacitarse en ciertos temas, la adquieren de una manera misteriosa o a través de enseñanzas que no conllevan el trabajo de estudiar y aprender razonadamente. Y desprecian inmensamente nuestros intentos por poner en duda sus afirmaciones y sus dogmas mediante un tratamiento adecuado de confrontación de argumentos.

Y sin embargo, nosotros, los escépticos, somos los acusados de soberbios, cuando lo que decimos es que no tenemos todas -ni las mejores- respuestas, que una de nuestras expresiones más interesantes, comprometedoras y provocadoras es "no sé" porque nos moviliza a investigar y aprender, a diferencia de las verdades de los gurúes que aseguran tener todas las respuestas, todas las explicaciones, sin ninguna sombra de duda. Como si esa actitud los hiciera "humildes".

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Viernes 31 de julio de 2026

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