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Huye irreparable el tiempo


Rosendo Torres (opinion@epasa.com) / Sacerdote jesuita.

Vivimos en estos tiempos y no en otros. Y damos gracias a Dios por lo que nos da en estos tiempos tan distintos de cuando éramos bisoños. No sé si diga la vedad, pero no soy de los que creen que “todo tiempo pasado fue mejor”.

El tiempo que apreciamos es en el que vivimos . Hemos dejado atrás amistades, unos viven y ya no se acuerdan de uno y uno tampoco se acuerda de ellos. Dejamos tiempos cuando congeniábamos con las inquietudes juveniles tanto deportivas, políticas, e incluso de otros intereses religiosos. Ya quedan atrás experiencias vividas en otros países, donde éramos extranjeros y nos trataban como si fuéramos del país, atrás quedaron los precios a nuestras cualidades que ni siquiera sabíamos que las teníamos. Todo eso se acabó. Y en el tiempo quedamos nosotros con los recuerdos irrepetibles.

El asunto es que con motivo del nuevo año pensamos en el tiempo y leo en una revista, la opinión del arquitecto Mallol en un artículo en el que afirma que el presente no existe y filosofa sobre ese tema admitiendo que lo que es presente al instante ya deja de serlo. Si no existe el presente tampoco existe el futuro porque todavía no es. Luego vivimos entre presente y el futuro. Vivimos en esa fluidez que nada puede detener.

Por eso los latinos exclamaban: “Fugit irreparabile tempus”. Cuando vemos el hilo transparente de agua de un arroyo correr haciendo su propio ruido, así nos debemos ver nosotros en el tiempo. Existe una frase bíblica: “Dum Tempus habemus operemur bonum”. Mientras tengamos tiempo hagamos el bien. Es decir, no estemos ociosos perdiendo el tiempo, criticando a los demás, tiempo que más tarde vamos a necesitar.

Acompañando a un amigo que agoniza pienso que ya su tiempo le acabó, por haber sido testigo de que dentro de los criterios humanos, vivió una vida llena de éxitos y de aprecio de la gente. Educó muy bien a sus hijas, pudo ver a sus nietos que se han ido realizando en distintas artes de la vida, vivió su vida matrimonial como un espejo para la sociedad actual en la que domina el divorcio y las segundas nupcias, al menos ese amigo aprovechó su tiempo y a nosotros nos toca seguir viendo a ver como no perdamos el tiempo que vamos a necesitar para hacer algo en la vida.

Estos tiempos no son como los de antes decimos y tiene que ser así. Eso se llama evolución. Esa evolución debe ser progresiva y no retardataria. Vivimos en tiempos de una violencia todopoderosa, ya que no hay forma humana de suprimirla y lo lograremos pidiéndole a Dios que infunda en nosotros, con su gran poder, sentimientos de fraternidad, y solidarios en el espíritu de los Evangelios.

Sacerdote jesuita.

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Viernes 14 de agosto de 2026