Ídolos de barro
Panamá sigue erigiéndose como un país que es cuna de campeones de boxeo, estrellas de grandes ligas, buenos futbolistas y excelentes atletas en otras disciplinas, quienes, con su sacrificio han dado un salto gigantesco en sus vidas y puesto el nombre de Panamá en el mapa mundial.
Muchos de ellos, que provienen de estratos económicos humildes, han visto y aprovechado la oportunidad para, con sus cualidades, mejorar su calidad de vida, la de su familia, a tal punto que los panameños, en especial, los jóvenes, los admiran y ven como ejemplos a seguir.
Sin embargo, con la fama y la riqueza también vienen los problemas. Algunas figuras, ya en la cúspide de sus carreras, se olvidan que victorias siempre estarán rodeados de aduladores, pero en las derrotas suelen quedarse solos.
Quizá los malos consejos que reciben de sus falsos amigos y su poca formación educativa los hace blanco para la comisión de hechos delictivos que marcarán para siempre el resto de sus vidas.
Ejemplos hay muchos, pero pocos son los que han tomado la segunda oportunidad que les ha dado la vida para triunfar y ser hombres y mujeres de bien.
“El Pistolero” es el último ídolo del fútbol panameño que ha sido bendecido con enormes cualidades para practicar ese deporte, pero su mala forma de actuar lo ha llevado a la cárcel en varias ocasiones.
Hace dos días, el oriundo de Puerto Caimito, sector pobre de La Chorrera y tierra fértil de campeones, recobró su libertad tras cuatro meses detenido.
El jugador tiene un nuevo chance para redimirse con él mismo, su familia y todas aquellas personas que lo apoyaron a llegar a la cima.
No hay más excusas para estar implicados en escándalos que en nada contribuyen a mejorar la denigrada imagen de conflictivo.
Él y todos los deportistas deben saber que el periodo de un atleta es corto y tienen que aprovechar al máximo sus días para asegurar su futuro. Que su nombre no quede marcado en las páginas de los inmortales olvidados.
