Imagen externa
Numerosos pensionados norteamericanos y de otras nacionalidades han escogido residir en Panamá, atraídos por las ventajas que les ofrece el país. Gozan de una gama de estímulos tributarios, por ejemplo, el impuesto sobre las ganancias personales oscila de un mínimo de 4% a un máximo de 30%. El impuesto de transferencia de bienes raíces es pagado por la persona natural que los vende. No hay tributos sobre la herencia y donaciones. Los servicios pagan una tasa inferior a las de otras naciones. La adquisición de residencias exonera gravámenes por 20 años tanto para nacionales como para los extranjeros residentes, lo mismo que las inversiones dedicadas al fomento del turismo. Los pensionados debidamente regulados por Migración pueden traer vehículos, menaje y objetos domésticos sin abonar impuestos de importación.
Conspira contra la subsistencia de las reglas de la estabilidad tributaria el deterioro de inversiones privadas extranjeras debido a la aplicación de políticas que provengan de la coerción política. Acá hay inversiones multimillonarias en minería, puertos, hotelería, vivienda, centros comerciales de lujo superiores a los de Miami, múltiples empresas de servicios, que debemos proteger la estabilidad tributaria que las atrajo. Debemos pensar en las funestas consecuencias de la destrucción de nuestra imagen internacional como un país seguro que ha respetado siempre los compromisos adquiridos.
Los gobernantes deben comportarse con toda seriedad, considerando también un importante factor adicional, cual es que Panamá les brinda no solo una estabilidad tributaria seductora, sino garantías de seguridad personal contra la amenaza de la delincuencia. En contra de la seguridad; sin embargo, se inscriben la ascendente tasa de homicidios, las incursiones de bandas de delincuentes en locales de servicio público, y las repulsivas extensiones del crimen organizado.
Los pensionados extranjeros tienen correspondencia electrónica con sus familiares y amigos a los que responden por las noticias que aparecen en los medios de comunicación sobre los deterioros de la seguridad jurídica y la policial. Convirtamos en ventajas las desventajas de otros países, sin faltar a la verdad. La imagen internacional panameña es un activo formidable para captar inversiones y personas.
Las represalias de orden político repercuten en represalias de orden económico. El gobierno actúa irresponsablemente contra la imagen de Panamá, poniendo en práctica el desmontaje de la estructura estatal guiado por la intrascendencia de rivalidades políticas aldeanas.
En vez de seguir los pasos de naciones como México para entrar al mundo financiero, parecemos orientarnos por la senda del autoritarismo venezolano. El gobierno de Maduro implantó el control de precios de alimentos que ha desembocado en un racionamiento al estilo cubano, limitando las compras a título individual. Ha cosechado una estampida desmesurada de inversiones extranjeras. Le debe a medio mundo porque reparte subsidios para ocultar la hegemonía de medidas demagógicas sobre la realidad económica.
Ya hay preocupación entre empresarios que se preguntan si están presenciando el inicio de un neochavismo. La confianza en la seguridad jurídica no podemos someterla a los riesgos de la improvisación del populismo panameñista. Nos están observando.