Imparcialidad y objetividad, ¿existen?
Televisa es la mayor cadena de televisión de Latinoamérica. Sus servicios de noticias son reconocidos internacionalmente y se han convertido en fuente obligada del acontecer de ese país y referencia mundial. Más de la mitad de los mexicanos piensa que su país no es gobernado por su presidente Enrique Peña Nieto, o por su partido, el Revolucionario Institucional. Están seguros de que el directorio de esa empresa (o al menos los 4 directivos principales, para los más conocedores) son los reales dueños de las “manos que mecen la cuna”.
Hace 8 años, el actual presidente de ese país era un funcionario anónimo del Estado de México. Repentinamente, su carrera se volvió meteórica. Y es que en los noticieros del gigante de los medios, de un día para otro se fue colando la voz y la imagen de este joven político que al llegar a gobernador de su estado, se convirtió, gracias a su presencia mediática, en la referencia opositora al entonces presidente Felipe Calderón.
Aun así, nadie considera a Televisa como una empresa “gubernamental”. Durante la “dictadura perfecta”, según Vargas Llosa, el gigante de los medios jugó el mismo papel.
El diario El País de España, es uno de los medios impresos de referencia en el mundo. Sus noticias son amplificadas por la totalidad de los medios, si de una primicia se trata. Nadie en la Madre Patria tiene alguna duda de la inclinación editorial de ese medio. Profundamente pro-PSOE, no duda en criticar a ese partido cuando ha estado en el gobierno y pierde el norte.
El grupo Clarín fue, en los inicios del gobierno de Néstor Kirchner, afín a las políticas gubernamentales. Una vez entra en conflicto por diversos negocios que manejaba este emporio de los medios argentinos, se convierte en el principal medio opositor. Pero no a la cabeza de una oposición unida o de un partido político en especial.
Hay casos de errores. Siguiendo con el caso argentino, al final de 2012, el Grupo Indalo, propiedad de un cercano a la gobernante Cristina Fernández, compra los medios Radio 10 y el canal de cable C5N. Su línea editorial y programación fue abruptamente cambiada y se despide de estos medios a cuanto periodista no estuviera de acuerdo con las políticas del gobierno. El resultado ha sido la caída constante de la emisora, que fue por más de una década la primera de ese país, y la baja audiencia del canal de televisión.
Personalmente no estoy en contra de la existencia de medios cercanos a una gestión gubernamental. Es muy difícil, sobre todo en una sociedad como la nuestra, hacer rentable y atractiva una propuesta así. Pero los medios de comunicación son un negocio. Y su finalidad, más allá de informar y entretener, es la de rendir utilidades. Lo demás es romanticismo puro.
Lo malo es cuando un medio se radicaliza. Los que lo hacen desde el poder terminan siendo marginales. Y los que lo hacen desde la óptica opositora terminan siendo ignorados. El equilibrio es lo más importante.
Haber estado en ejercicio profesional tanto en medios de comunicación como en el mismo centro del poder gubernamental, me ha ayudado a comprender que no existe ni la objetividad ni la imparcialidad cuando se habla de manejo de información por parte de un medio de comunicación.
Lo que sí existe y se debe exigir es la honestidad y la rigurosidad en la descripción de la noticia. Si un periodista fuera objetivo al 100%, sería una máquina. Todos los seres humanos tenemos un punto de vista desde el cual vemos las cosas. Y para darle la mayor credibilidad a ese trabajo, hay que ser lo más profesional y educado posible.
Lo mismo la imparcialidad. En el momento en que un medio o un periodista me dice que es imparcial, quizás confunde el término. Todos tenemos una opinión de las cosas que pasan y hacemos una valoración de las mismas. Lo que no podemos es permitir que la pasión por los temas nos lleve a sesgar nuestro planteamiento o, el análisis que muchos esperan de un medio de comunicación.
Si a una persona no le gusta un programa de radio, televisión o lo que se escribe en un periódico, nuestra democracia y libertad de mercado ofrece múltiples opciones. Depende de los dueños del medio si prefieren botar su dinero convirtiendo el mismo en monotemáticos o, hacerlos atractivos permitiendo la pluralidad de opiniones. La línea editorial de un medio usualmente ni da ni quita. Pero hay que respetarla.