Importancia de la leche materna
Los niños amamantados tienen mucho menos riesgo de padecer enfermedades infecciosas como la diarrea, meningitis, enfermedades respiratorias graves y otitis. Podría reducir el 75% de los neonatos que fallecen sin causa aparente en los primeros 6 meses de vida (muerte súbita del lactante). Previene enfermedades del adulto, como la diabetes, la obesidad, las enfermedades inflamatorias intestinales o el asma.
Lo más sorprendente es su aparente potencial anticancerígeno, pues los niños amamantados tienen menos incidencia de tumores de riñón, neurológicos, linfomas o leucemias. También son más inteligentes, tienen un mejor desarrollo psicomotor, y sus madres tienen menos riesgo de padecer cáncer de mama, depresión, osteoporosis o anemia. Y por si fuera poco, es gratis. El abandono paulatino del amamantamiento durante el siglo XX suele achacarse a un conjunto de argumentos estandarizados: la incorporación de la mujer al mundo laboral, la comodidad de la madre, la falta de experiencia de las nuevas... Todas estas excusas tienen algo en común: cargan el grueso de la culpa del problema en la mujer, y absuelven totalmente al grueso de los auténticos culpables: los profesionales que la aconsejaron mal, la sociedad que obliga a la madre a optar entre su trabajo o su hijo.
Tal es así, que la mayoría de los médicos conocen la leche materna humana por comparación con la leche de vaca, pero desconocen sus virtudes, pues así se lo enseñaron en sus facultades. La leche humana ha sido esculpida y perfeccionada a lo largo de millones de años, haciéndola óptima para el desarrollo de nuestras crías. En la actualidad vivimos un evento sin precedentes en la naturaleza: en tan solo cien años, una especie de mamíferos ha modificado masivamente la alimentación que reciben sus propias crías, alimentándolas con la leche que producen otras especies animales. Comúnmente se alude a esta situación como el más osado y peligroso ensayo clínico realizado en la humana.
Resulta durísimo para un pediatra descubrirse en medio de esta vorágine, y haber participado inconscientemente de ella. Echar la vista atrás, y comprender que jamás había recibido formación sobre los beneficios de la alimentación natural al pecho.
Pero la comprensión de una situación que debe cambiarse no es más que el primer paso. Así lo entendió un amigo pediatra, maestro: “Cuando al final de tu vida profesional, tras 25 años de ejercicio, descubres que habías basado tu práctica en conocimientos erróneos, y que tu actuación, bienintencionada pero mal formada, ha podido perjudicar a pacientes”. ccs@solidarios.org.es
Médico.
