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Impresiones

Por: Redacción 24/06/2015

Luis A. Camaño /Catedrático de Geografía. Universidad de Panamá

Rully Vanderthal, la bella rubia holandesa, que hace 13 años visitó Panamá como turista atraída por el brillo de los anuncios publicitarios y cartelones que mostraban deslumbrantes playas abrazadas por el sol tropical, regresó a Panamá, pero esta vez como corresponsal de una de las cadenas de noticias más prestigiosas de los Países Bajos, con el objeto de cubrir la histórica Cumbre de Presidentes de las Américas en esta capital.

Impresionada como todos por la prosperidad experimentada en la ciudad de Panamá en los últimos años, y como una turista cualquiera, se dispuso a recorrer nuevamente la Ave. Balboa, junto a la hermosísima Cinta Costera que bordea la Bahía de Panamá.

Pero Rully Vanderthal no sospechó que el fantasma del trauma vivido 13 años atrás y que le costó una larga noche de estadía en la urgencia de un hospital privado, debido a los fuertes síntomas de mareos y náuseas; regresaría, no como un recuerdo lejano y penoso de aquel entonces, pero sí como una realidad ambiental muy triste de una ciudad cosmopolita y comercial del siglo XXI que había adaptado sus sentidos a vivir en una paradoja ambiental tercermundista.

Por sus implicaciones en la salud emocional y física de los habitantes, la sociedad panameña no puede permanecer apática por más tiempo ante la necesidad de dar seguimiento acucioso a proyectos como el saneamiento de la bahía y la necesidad de contar con una organización ciudadana que monitoree periódicamente el grado de afectación del agua, el suelo, el aire, el paisaje urbano y la contaminación sonora que afecta a todos los barrios de la ciudad capital y San Miguelito.

 Sin embargo, al entrarnos en el análisis de algunas de las causas de estos problemas ambientales, nos damos cuenta de inmediato de la responsabilidad que tenemos cada uno en la generación de los mismos.

La carencia de una verdadera conciencia ambiental en las familias panameñas, pues nadie cree que el planeta se vaya acabar, la falta de un sentido de urbanidad y respeto por el derecho al prójimo, así como una sólida moral cristiana y de elementales normas de cortesía en gran parte de los ciudadanos de esta urbe, se traduce en un caos social indigno que hace meditar a muchos sobre la ausencia de un verdadero espíritu de civilización.

Como educadores preocupados por las actuales y futuras generaciones, insistimos en la urgencia de implementar una materia de tipo ambiental en el pénsum curricular a todos los niveles del sistema educativo.

Se hace necesario recordar a toda la nación, ya que parece que lo hemos olvidado, que la responsabilidad de educar como herramienta más efectiva de contrarrestar los problemas de destrucción de nuestros recursos naturales, no es propiedad exclusiva de los “educadores”, sino una responsabilidad del conjunto social de la nación, es decir, de todos: Gobierno, periodistas, educadores, publicistas, las iglesias, empresarios, gremios, organizaciones obreras, sindicatos y sociedad civil; para que así juntos encontremos el tan ansiado equilibrio y armonía entre el hombre y el ambiente basado en la comprensión de los procesos naturales y el manejo sostenible y soberano de nuestros recursos para el bien de todos los panameños.

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Viernes 31 de julio de 2026

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