Improvisaciones e incongruencias
Entre sus primeras acciones, el presidente Martinelli debió presentar el proyecto de reformas constitucionales que prometió, por decisión propia, cuando hacía campaña electoral, pero que postergó durante los 20 meses que lleva al frente del Órgano Ejecutivo. Si cuando hacía campaña el presidente prometió las “reformas necesarias” a la Constitución, lo congruente hubiera sido que, respaldado por su gabinete, propusiera, como mínimo, un documento conceptual con “sus ideas” sobre los temas a reformar o para incluir en un proyecto de reformas. Ese “preproyecto”, por lo que parece, nunca ha existido.
Un proyecto de reformas constitucionales, por la vía que se ha escogido, solo puede llegar a la Asamblea Nacional, paso previo a su validación mediante el referendo popular, si lo proponen la propia Asamblea, el Consejo de Gabinete o la Corte, según el Artículo 313 de la Constitución.
Nada impide, y hasta es aconsejable, tras el descalabro del “comisionado constitucional”, encomendar a una “comisión especial” que redacte un “anteproyecto”; pero para que haya norte y claridad su trabajo debe tener como punto de partida “unas guías”, que debe entregarles el gobierno, pues el documento que pudiera resultar, necesariamente, tendría que “hacerlo suyo” el Consejo de Gabinete.
Cuando se improvisó la figura del “comisionado constitucional”, se dijo que éste “consultaría a todos los sectores” para preparar “un proyecto de reformas”. Esa vía era absurda y murió, “por generación propia”. Recalar en la llamada “Concertación Nacional”, organismo de incierto futuro, tampoco sería productivo. Por consiguiente, la “comisión de notables”, parece de mejores perspectivas. Sin embargo, al no existir el documento de base que debió aportar el gobierno y tampoco claridad sobre la metodología que se usará, las incertidumbres siguen a la orden.
Tres aspectos requieren definición para que se pueda alcanzar un resultado positivo: primero, el gobierno “debe soltar prenda” y decir qué quiere reformar; segundo, debe definirse la responsabilidad de “los notables” y aclarar si serán ellos los que produzcan “el proyecto”, serán “los armadores de las ideas” que el gobierno “ha soltado” sin concretarlas o receptores de las iniciativas que surjan del conjunto de la sociedad; y, tercero, cómo “se consultará”, cuando exista, el proyecto antes de someterlo a la Asamblea. Una bien pensada y adecuadamente consultada reforma constitucional serviría para fortalecer la institucionalidad y la democracia; pero las improvisaciones y las incongruencias, poco ayudan.
