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Impulsos y valores como pauta en la vida


Paulino Romero C. (opinion@epasa.com) / Pedagogo, escritor, diplomático

El tema de hoy alude al comportamiento de nuestros políticos criollos (desde el presidente de la República, ministros, diputados, alcaldes y representantes de corregimiento en ejercicio, hasta los candidatos y precandidatos a los cargos de elección popular de 2014).

El lector avisado tiene la oportunidad de ubicar a cada uno de ellos respecto a los impulsos y valores, y fijar responsablemente su condición de ciudadano frente a los mismos.

Los impulsos nos empujan ciegamente a hacernos cada vez más grandes, a penetrar más en el espacio exterior y a una competencia destructiva. Pertenecen al mundo ocupacional, dan vida al torbellino de los negocios, a las fuerzas armadas y a todas aquellas partes de nuestra cultura en la que ponerse por delante, subir en la escala social, rebasar a otros y simplemente sobrevivir en la lucha son las funciones absorbentes de la vida. Cuando en estos campos aparecen los valores, obran en gran parte, como freno de la impulsión.

Impulsos como el hambre, la sed, el sexo y los demás surgen directamente de la química del cuerpo, mientras que los de expansión, competencia, realización, son generados por la cultura.

Pero existe otro grupo que llamamos valores. Valor es algo que consideramos bueno, algo que siempre queremos que nuestras esposas, padres e hijos nos expresen, nos muestren cuando estamos contentos y nos suministren cuando nos sentimos desdichados. A esta esfera pertenecen el amor, la bondad, tranquilidad, la cortesía, la diversión, la franqueza, la honestidad, la decencia, el descanso, la sencillez.

Los valores son los sentimientos que operan en dirección opuesta a los impulsos y pertenecen al mundo de la familia y de la intimidad amistosa. Aunque el mundo ocupacional, en su conjunto, es hostil a los valores así entendidos, no podría sin embargo funcionar sin ellos, y puede aun utilizarlos como velos para ocultar sus motivaciones subyacentes.

En nuestra propia cultura la característica sobresaliente de un ejecutivo que quiere ascender es que tenga impulso.

No es un problema descubrir empleos que requieren una orientación hacia la realización, la competencia, la ganancia y la movilidad, o inclusive hacia un nivel de vida más alto.

Pero es difícil encontrar uno que requiera de una sobresaliente capacidad de amor, bondad, tranquilidad, alegría, franqueza y sencillez.

Si los impulsos son el motor de uno, la cultura le ofrece innumerables oportunidades; pero si lo mueven a uno, sobre todo, los valores, el pago y el prestigio anexos al mismo son, por lo común, bajos. Así, los apoyos institucionales abundan a nuestro alrededor, pero tendremos que buscar con mucho empeño para contratar instituciones, aparte de la familia, que estén consagradas a los valores.

El hombre y la mujer de hoy hacen del impulso algo que los consume, y en algunas personas puede ser tan fuerte que se trague a la persona que lo tiene y a aquellas que entren en contacto con ella. De acuerdo con la nueva concepción de los impulsos, estos pueden llegar a convertirse en caníbales escondidos en la cabeza o en las entrañas de un hombre y de una mujer que lo devoran desde dentro.

Los valores son meramente ideas acerca de las buenas relaciones humanas, y aunque dan orientación a la gente, carecen del poder coercitivo de los impulsos porque no tienen apoyo institucional. Hombres y mujeres contraen enfermedades del corazón, úlceras y asma a consecuencia de sus impulsos, y parece ser que cuando culturas exóticas ingresan en la era tecnológica y adquieren impulso, sus miembros se vuelven cada vez más sensibles a estas enfermedades.

Un fenómeno importante para conocer nuestra cultura y, por cierto, el mundo contemporáneo es la suposición subyacente del mundo moderno de que uno no sabe realmente lo que uno cree saber, que, al examinarlo de cerca, resulta ser erróneo.

Esta suposición de error probable e inherente a todas las decisiones contribuye a crear incertidumbre, de manera que el tormento de poder estar equivocado siempre, o por lo menos, de no contar con la “mejor” solución a cualquiera de los problemas de la vida, se ha convertido en característica dominante de la vida moderna.

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Viernes 14 de agosto de 2026