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Inadmisible permitir la violencia contra la mujer


Víctor Corcoba Herrero (opinion@epasa.com)

Durante esta primera quincena de marzo, con su cúspide de celebridades hoy ocho (Día Internacional de la Mujer), se proclamarán una vez más las atrocidades que sufren seres humanos indefensos, principalmente niñas y mujeres. Los diversos gobiernos del mundo, y hasta la mismísima comunidad internacional, volverán a comprometerse en más de lo mismo de siempre. Pura literatura. Las agresiones sexuales a niñas menores de dieciséis años siguen aumentando. Multitud de mujeres, y también algunos hombres, temen volver a sus casas, porque son un verdadero infierno de violencia doméstica. Hasta el 70% de las mujeres de todo el mundo -según la ONU- asegura haber sufrido una experiencia física o sexual violenta en algún momento de su vida. Escalofriante el porcentaje de gente que sufre. ¿Qué hacemos, pues, por estos seres indefensos? El dato es inadmisible y debe interpelarnos.

Los seres humanos cada día estamos más desprotegidos. A las personas débiles se les discrimina y apenas se les presta atención para que puedan traspasar la barrera del miedo en que viven. No se trata de fomentar la rivalidad entre los sexos, más bien creo que debemos avivar el encuentro y poner a salvo a esas personas que son víctimas de abusos y violencias. En ocasiones, pienso que todavía estamos anclados en la ley del más fuerte, en una concepción patriarcal del mundo, y no en una concepción humana, o lo que es lo mismo, seguimos alimentados (o sea educados) por una cultura esencialmente machista, que sigue menospreciando al más desvalido. Por ello, quizás convendría modificar esta fiesta que no ha hecho mermar los abusos contra la mujer por otra que cultivase más la unidad de los dos, desde el respeto y la consideración de caminar unidos.

La pedagogía de alianza entre las mujeres y los hombres merece la pena, tanto reafirmarla como reforzarla, para mejorar así la convivencia en el mundo. Al fin y al cabo, todos estamos hechos unos para otros y todos para uno mismo, el ser humano.

No tienen sentido, en consecuencia, las leyes y prácticas discriminatorias que no solo perjudican a las mujeres, sino también a pueblos y naciones enteras. Es fundamental reconocer y amparar la misma dignidad mujer-hombre; ambos son ciudadanos, con derechos y obligaciones. Los dos estamos llamados a trabajar hacia un mismo objetivo, el bien común.

Sería bueno que, coincidiendo con la festividad del Día Internacional de la Mujer, ambos géneros luchasen por una justicia reparadora de los derechos humanos y la inclusión social. La violencia continúa contra las mujeres en las formas más indignas porque hasta la misma comunidad mira hacia otro lado. Sin duda, la impunidad de los abusos hacia ellas perpetúa el problema. Ante estas realidades, el compromiso, tanto de mujeres como de hombres, ha de movernos hacia una cultura que cuide de las personas, y más de las personas indefensas. Hay lugares en los que la mujer es discriminada por el solo hecho de ser mujer, y en otros ámbitos forma parte de la industria del consumo y del divertimiento.

Mujeres y hombres deben continuar un camino en común para que se respete la dignidad humana, dejando a un lado todo tipo de condicionamientos históricos. No hace mucho, la directora ejecutiva de ONU-Mujeres expresó su profunda preocupación por el aumento de la violencia de género en Egipto. Ese mismo aumento se da de forma alarmante en toda América Latina y el Caribe. Así podríamos seguir con multitud de países. El fracaso de los procesos judiciales contra la explotación sexual es otro de los graves problemas. Mientras las autoridades buscan fórmulas para luchar contra estos delitos, las mujeres relatan historias de terror y soledad que superan con creces cualquier guión cinematográfico.

Sea el día de la mujer o no lo sea, tampoco es cuestión de permanecer inactivos ante este tipo de episodios horrendos que se producen con mujeres y niñas. Los hechos son gravísimos. Mujeres y hombres deben emprender una revolución pacifista contra estos violadores de derechos humanos. Cuanto antes hemos de llevar a estos infractores ante la justicia y que sea el pueblo, todo él unido, el que termine con esta cultura del abuso y la explotación. Hay que decir ¡basta! a la violencia, porque sus simientes son de odio y a ningún sitio bueno conducen.

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Viernes 14 de agosto de 2026