Inclinaciones egoístas del ser humano
Se llaman “inclinaciones egoístas” (o propensiones) egoístas a las tendencias que se refieren a la vida psíquica del individuo. La tendencia fundamental de la sensibilidad, o de la vida afectiva, es la tendencia hacia la felicidad; la felicidad que consiste en la ausencia de sufrimiento y en la continuidad de la alegría. Al ser que busca la felicidad, la sociedad le responde con consejos contradictorios, cuya influencia puede transformar la vida espiritual del individuo.
Para unos, la felicidad se encuentra en los bienes materiales: salud, belleza física, riqueza. Para otros, proviene más bien de las condiciones sociales (una atmósfera de simpatía, cierta notoriedad), o de condiciones sentimentales (la amistad, el amor, las afecciones familiares). Algunos, hasta han colocado la felicidad en la pasión, sobre todo en la pasión amorosa. Los filósofos más reflexivos aconsejan buscar la felicidad en la virtud, siempre que se vea en ella, con resignación a lo inevitable, el amor a la humanidad y a la vida universal.
El hombre siente placer de hacer funcionar no solo su sensibilidad y su inteligencia, sino también toda su actividad psíquica, en desarrollar su vida activa. El placer físico que experimenta en moverse va acompañado de una alegría psicológica cuando es llevado a tomar decisiones.
Es una satisfacción ejercer su voluntad. Y la vida social proporciona el campo en que pueda desplegarse sobre toda esta tendencia. De ahí proviene el amor a la independencia, la aspiración a la libertad. En principio, y para numerosos individuos, es desagradable obedecer las órdenes de otro. El trabajo es penoso cuando va acompañado de imposición.
Pero el hombre no se contenta con alzar para sí mismo la libertad; aspira a la dominación. Tiende a desplegar su voluntad imponiéndolas no solo a las cosas, sino también a los seres y a otros hombres. El autoritario se regocija al ver su propia voluntad animar a otros cuerpos además del suyo; experimenta ante ese espectáculo un agradable sentimiento de poder. Ese autoritarismo puede ser, ora brutal, como ocurre con frecuencia en el hombre, ora solapado, como ocurre con frecuencia en la mujer.
A esta tendencia a la dominación, Nitzschel le llama la “voluntad de poder”. Analiza sus diversos aspectos en varios pasajes de sus escritos. La descubre ya en los vegetales, luego en los animales.
Sobre todo, Nitzsche encuentra la voluntad de poder en el centro de la conciencia humana y de la vida social. Dice, además, que los hombres manifiestan de diferente manera la voluntad de poder.
Pedagogo, escritor, diplomático.