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Independientes, reformas electorales y dominación política

Por: Redacción 20/07/2016

Las políticas aplicadas por las seis administraciones gubernamentales que se han sucedido luego del supuesto retorno a la democracia, todas ellas concebidas desde una visión profundamente neoliberal, han hecho poco por resolver los grandes problemas que sufren los sectores populares y las capas medias de la población panameña. Esto se puede evidenciar con la ayuda de algunos indicadores y ejemplos sencillos.

Desde el punto de vista de la distribución del ingreso, se puede observar que los sectores económicamente dominantes, que sistemáticamente han controlado la esfera política, siguen captando una parte desproporcionada del esfuerzo productivo del país. Es así que en el 2014, último año para el que existen datos estadísticos, el 10% más rico de la población recibió el 38.8% de los ingresos, en contraste con el 50% más pobre de la ciudadanía, a la que apenas le tocó el 16.20% de esos ingresos.

El análisis de las estadísticas referentes al Índice de Desarrollo Humano (IDH) del PNUD resulta de interés, debido a que permiten observar el carácter sesgado de las políticas aplicadas en el país, las cuales han sido incapaces de asegurar la equidad social. De acuerdo con los datos correspondientes al 2014, Panamá ocupó el puesto número 60 en el "ranking" mundial del IDH. Sin embargo, cuando este indicador se corrige por la presencia de las desigualdades sociales, su valor se reduce en 22.5%, lo que hace que el país baje 20 espacios en dicho "ranking", colocándose en el puesto 80.

En esta situación, la población está cada vez más consciente del hecho de que las promesas de los partidos políticos, que se han alternado en el poder para asegurar los intereses de los sectores dominantes, son absolutamente falsas. Esto es especialmente claro en el caso de la actual administración. Es así que, para dar algunos ejemplos, pese a sus promesas de campaña, la economía está desacelerada, la corrupción y la falta de transparencia siguen reinando, los problemas de la salud y la educación son crecientes, la producción agropecuaria e industrial están en sus peores momentos, la ciudadanía sufre de un creciente nivel de inseguridad, mientras que los problemas de la canasta básica y del agua se hacen cada vez más agudos. El Gobierno, además, se prepara para terminar de liquidar el sistema solidario de seguridad social, mientras que, adicionalmente, los sectores dominantes insisten en prácticamente aniquilar toda la protección social contenida en el Código de Trabajo. Todo esto explica las protestas sociales.

Es evidente, entonces, que los sectores dominantes buscan cerrar las rutas que puedan llevar a que estas protestas tomen la forma de una expresión política consolidada. Una de estas formas es la que se abrió con las candidaturas independientes de libre postulación, lo que explica que los sectores dominantes, actuando por medio del Tribunal Electoral y la complicidad de la Comisión de Reformas Electorales, hayan ideado un conjunto de reformas electorales destinadas a desarticular esta posibilidad. Se trata de una acción antidemocrática, la cual solo generará mayor frustración en la población. Se trata, conviene advertir, de un juego peligroso.

Economista

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