Inequidad, crecimiento y educación
El recientemente publicado Anuario Estadístico de la CEPAL muestra nuevamente que Panamá es uno de los países con una mayor concentración del ingreso en el área latinoamericana, que de por si es una de las más inequitativas del planeta. Es así que en base a dicha publicación queda claro que por cada balboa de ingreso de una persona que se encuentra en el 10% más pobre de la población otra que hace parte de la clase dorada, que constituye el 10% más rico del país, recibe 36.7 balboas. Así mismo se desprende de los datos de la CEPAL que el coeficiente de concentración del ingreso de Gini mostró en el 2009 un nivel de 0.523, el cual resulta similar al observado en el 2006 cuando este indicador alcanzó un valor de 0.524. Si se tiene en cuenta que durante ese lapso de tiempo el Producto Interno Bruto se expandió en cerca del 27.0%, queda claro que todo este crecimiento apenas generó una reducción del índice de desigualdad equivalente 0.1 puntos porcentuales. En estas circunstancias no es difícil concluir que la llamada tesis del rebalse o de la filtración, según la cual el crecimiento resuelve automáticamente el problema de la equidad, resulta falsa. Es así, por ejemplo, que de mantenerse la relación observada entre los cambios en el coeficiente de Gini y la tasa de crecimiento del PIB, nuestro país necesitaría más de 64 años para lograr el nivel de equidad que hoy tiene Jamaica y cerca de 89 años para alcanzar el que ahora tiene Bulgaria.
Teniendo en cuenta que uno de los mecanismos más reconocidos para avanzar en términos de equidad está dado por la educación se puede concluir que el mismo está lejos de funcionar adecuadamente en Panamá. En efecto, de acuerdo a la CEPAL, durante el año 2008 la tasa neta de matriculación en el segundo nivel alcanzó en Panamá al 65.6%, lo cual significa que cerca del 34.4% de los niños y jóvenes que están en edad de participar en el mismo no lo están haciendo. Ellos carecerán irremediablemente de la formación necesaria para enfrentar con éxito los retos del mercado laboral, lo que los mantendrá en las filas de quienes se encuentran por debajo de la línea de la pobreza. A esto se debe agregar la falta de calidad de la educación, producto de la incapacidad gubernamental de dotar al sistema de las condiciones materiales mínimas para elevar dicha calidad, hecho que resulta dramático en un contexto en el que la revolución informática amenaza con hacer desaparecer una gran cantidad de puestos de trabajo basados en operaciones rutinarias. Todo esto se da en un contexto en el que para el año 2009 el salario medio real de los panameños fue inferior en 11.2% al observado en 1997. En este contexto queda claro que la búsqueda de la equidad precisa de medidas de redistribución directa del ingreso, las cuales se combinen con el esfuerzo por mejorar en cobertura y calidad a la educación.
