Infierno en el Centro
“¡Yo sí no ando con cuento, lo que tengo que hacer lo voy a hacer!, dijo un ladrón, y sin mediar palabras le disparó en el pecho a Francisco Antonio Umanzor, quien laboraba en la casa del helado de Parque Lefevre, afirmó un testigo. Umanzor, de 24 años, era un joven sano, estudiante de administración de empresas, padre de una niña de 10 meses de edad, no tenía enemigos ni estaba implicado en actividades ilegales, sin embargo, fue asesinado de un tiro en el tórax, en su lugar de trabajo.
No fue confusión ni viejas rencillas ni estaba vinculado con el crimen organizado, simplemente a las 7:20 p.m. dos delincuentes acudieron a la Casa del Helado, lo amedrentaron, le robaron las ganancias y luego lo mataron” (18 de marzo de 2009).
¿Y los derechos humanos de una víctima inocente de los delincuentes, hombre trabajador y productivo como Pancho Umanzor? La verdad sea dicha: no hubo derechos humanos para Umanzor y su noticia si acaso fue titular de un solo día y luego al ostracismo lúgubre de la muerte y el llanto de sus familiares.
Dentro de toda esta marejada de comentarios y noticias que un hecho tan espantoso como el de los adolescentes en el Centro de Cumplimiento, no negamos que algunas son de buena fe y de gente sinceramente preocupada, pero la mayoría proceden de ese constante alimentar el morbo más insano que pueda haber. Los actos infrahumanos de los delincuentes lamentablemente no son titulares ni son defendidos estas víctimas inocentes por ningún grupo de derechos humanos.
Nadie se acuerda de personas como Umanzor, Holanda Martínez y Vielka Rodríguez del caso Deli Gourmet o Daniel Carrizo, asesinado en su propia casa; nadie se acuerda del sufrimiento de padres consagrados como el de Daniel, pero si nos acordaremos de lo sucedido a los adolescentes en el Centro de Cumplimiento.
No compartimos lo sucedido con los “adolescentes infractores” en el Centro de Cumplimiento. Todos los que actuaron al margen de la legalidad y permitieron este acto de barbarie deben ir a parar con sus huesos a la cárcel.
No somos hipócritas, como compartimos desde nuestro programa de radio “era preferible que los delincuentes se fugaran a permitir que se asaran como pollos”. Un análisis serio y no político, lo que revela es la proclividad de la sociedad que se está cansando de los delincuentes por la falta de efectividad de la justicia ¡se está prefiriendo la primitiva barbarie, peligroso!
Lo que se necesita es una legislación más cónsona con la realidad brutal del aumento de la criminalidad y la delincuencia, con certeza del castigo, que no permita la impunidad.
Este pueblo panameño sigue siendo un pueblo noble. Exijamos a nuestras autoridades una respuesta en justicia más cónsona con la realidad criminal que azota a nuestro bello Panamá.
