Inflación, gobierno y comerciantes
En los actuales momentos el eje fundamental del descontento de la población está constituido por los estragos que la inflación está produciendo en la economía de los hogares panameños. Se trata de un fenómeno que, de acuerdo a la CEPAL, significa que ya a finales del año pasado se necesitaban 140.00 balboas para comprar la misma cantidad de alimentos que se adquirían con 100.00 balboas en el 2000. Se trata, además, de un fenómeno que se ha visto agravado en los primeros meses del presente año, cuando los pasajes del transporte se han visto elevados en hasta un 21%, mientras que los alimentos muestran una tasa de crecimiento anualizada del 5.6%. Por su parte, otros rubros, que previamente no mostraban una alta dinámica como las prendas de vestir para hombres y niños, el calzado para mujeres y niñas muestran tasas inflacionarias anuales que van desde el 5.3% al 6.4%, gracias al incremento del ITBS. La pregunta lógica que surge de todo esto es clara: ¿a qué se debe esta notable y persistente inflación?
La explicación tradicional que ha venido ofreciendo el actual gobierno es que la misma, sobre todo en el caso de los alimentos, refleja un fenómeno global inevitable, que se origina en el incremento del precio del petróleo y su impacto sobre el costo de los alimentos. Se trata, por comenzar, de una explicación parcial, la cual intenta, en última instancia, encubrir los efectos producidos por algunos agentes económicos internos. En reciente investigación que realizamos para la Comisión Universitaria de Seguridad Alimentaria logramos establecer que el factor externo no llega a explicar más allá del 38.0% de variación de los precios de los alimentos a nivel local. En esta misma investigación, utilizando técnicas econométricas conocidas, también se consiguió demostrar que la explicación del 96% del incremento del índice de precios al consumidor esta compartida por el efecto de dos variables: el impacto del incremento del precio del petróleo y el crecimiento del nivel de monopolio y especulación en la economía.
Esta dura realidad científica contrasta con la política gubernamental la que más allá de ofrecer ferias más propagandísticas que efectivas, deja incólume el poder monopólico de los comerciantes en víveres. El ministro de economía y finanzas, en un acto insólito desde el punto de vista de la teoría económica, ignora el hecho de que se trata de una inflación por costos, proponiéndola tratar como una inflación de demanda por la vía de la reducción del gasto público, idea que, entre otras cosas, puede llevar a un mayor desempleo. Las propuestas más profundas y efectivas guiadas hacia el endurecimiento de las leyes antimonopólicas, la necesidad de congelar la canasta básica y de implantar un aumento general de salarios, ni siquiera son mencionadas en el análisis oficial. Queda claro que detrás de la inflación, como bien lo sabían los estructuralistas, existe una pugna por la distribución del ingreso, la que en nuestro país, gracias a la naturaleza del gobierno, la están ganando los comerciantes especuladores a costa del bienestar del conjunto de la población.
Economista
