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Inmigración y aborto


Gonzalo García Camps / PANAMA AMERICA

La población de un país puede disminuir por dos causas: una es la muerte de una parte de sus ciudadanos; la otra es la emigración de la gente que acaba viviendo en el extranjero. Compensar esta pérdida de población se puede llevar a cabo de dos maneras: una es por s nacimientos de bebés; la otra es trayendo inmigrantes a vivir a un país.

En el caso de España, por ejemplo, se ve cómo los gobiernos que se han ido sucediendo han penalizado los nacimientos de bebés, a través de medidas de todo tipo que, o bien afectan la posibilidad de llevar a término la maternidad, o bien afectan al contexto adecuado para formar una familia con hijos. Entre las medidas contra la natalidad tomadas por los poderes públicos, cabe destacar la promoción de la anticoncepción (provoca esterilidad) y el aborto (que mata al bebé por nacer).

En cambio, también se ve cómo los gobiernos que se han ido sucediendo han favorecido la inmigración, a través de medidas como la contratación en origen, la exención de impuestos municipales para comercios regentados por inmigrantes, las adopciones internacionales (las adopciones nacionales son una utopía) y las famosas regularizaciones masivas de “sin papeles”, hasta el punto de que 1 de cada 8 habitantes de España es extranjero (12.5%).

Cuanta más anticoncepción y más aborto haya en un país, más inmigrantes habrá en él. La relación entre una cosa y otra es de causa-consecuencia, para lo bueno y para lo malo. Esto es válido para cualquier país, aunque se haya puesto como ejemplo el caso de España. Igual sucederá en Perú, Ecuador, Bolivia, Venezuela, México, Chile o cualquier país en que se piense: cuanta más anticoncepción y más aborto, más inmigrantes habrá en el país.

Gonzalo García Camps

opinion@epasa.com

Investigador, España.

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Lunes 17 de agosto de 2026