Innovación Turística

Por: Redacción 11/11/2017

 

No resultan muy alentadoras las cifras de visitantes al istmo durante el último quinquenio. Cualquiera diría que nos quedamos estancados, pero todos los indicadores reflejan números negativos, es decir, el turismo se ha comprimido en búsqueda de otros destinos que han utilizado estrategias exitosas en la optimización de su oferta, muy a pesar de que la nuestra es a todas luces más apetecible. Caso en mano, Perú. Amén de lo esotérico de Machu Picchu y la variedad en provincias, en 2012 su capital, Lima, recibió dos millones de visitantes, números no alejados a los istmeños. Pero opuesto a nosotros, hoy en día la capital peruana acoge cinco millones de visitantes mientras nosotros congregamos el millón "y pico", un pico bien bajo sin tomar en cuenta la entrada y salida de colombianos y venezolanos cuyo norte no es turismo, ni mucho menos la ocupación de habitaciones hoteleras. ¿Cómo le hizo Perú? Martillamos desde hace infinidad de años que la solución primordial del desarrollo de la industria sin chimeneas en Panamá yace en el pilar básico del desarrollo de productos turísticos. Una inversión a largo plazo en mejorar lo que ya tenemos, no lo que alguna vez sugirieron por allí de establecer aquí una sucursal latinoamericana de Disney, que también hace sentido, por allá por Río Hato, para optimizar la oferta de turismo de sol y playa, como tan bien le hacen los parques temáticos Xel-Ha y Xcaret en la Riviera Maya mexicana.

Recientemente, el alcalde Blandón sugirió escindir las entidades públicas del Casco Antiguo, para así aliviar el tráfico de turistas reubicando noveles plazas de estacionamiento para ese fin y no para el hormiguero de funcionarios que pululan en su interior. En nuestra columna del diario "La Prensa", que data del 12 de diciembre 2009, titulada Recuperación del Patrimonio Histórico anotamos en aquel momento: "…se hace necesaria la mudanza de todas las oficinas y dependencias públicas que atiborran sus calles con tráfico de funcionarios que nada tienen que hacer en un sitio cuya función primordial es el turismo. Es clave para el éxito gozar de liderazgo, visión, empuje y atraer a los inversores correctos".

¡Qué bueno que finalmente nos dimos cuenta de que no se abarrota la torre Eiffel ni la Plaza de San Marcos con funcionarios! Una traza de esa imaginación vivimos cuando Hollywood se tomó el Casco Antiguo durante la filmación de la película Quantum of Solace, y Daniel Craig, haciendo el papel de James Bond, el agente 007, se hospedó en el Hotel Andino, nada más ni menos que la sede del Instituto Nacional de Cultura en la Plaza de Francia, supuestamente La Paz, Bolivia, en 2008. A la usanza de Lisboa o San Francisco, reverdecer la línea del tranvía desde la Plaza 5 de Mayo a través del Barrio Chino, el Casco y más allá, hasta el BioMuseo, resultaría en la optimización turística de algo autóctono que yace en el olvido. ¡Y claro, se cobra! Así como el turista paga gustoso los $21 diarios por circular en el trolley car californiano, porque se trata de una experiencia única, una oportunidad de tomar una fotografía para el recuerdo. Y así mismo nos vamos a Panamá Viejo, que languidece en el moho del recuerdo, ya con casi quinientos años a espaldas, soñamos un Panamá Viejo reconstruido, primera ciudad colonial del Pacífico de las Américas, cuyo albergue de monjas se convierte en un hotel siete estrellas, como la Hospedería del Real Monasterio de Guadalupe en Cáceres, España, que invita al forastero a revivir la historia. Con un galeón anclado que sirva de restaurante insignia, con sus mozos ataviados con ropajes de la época. Y sus calles adoquinadas, solamente destinado al tráfico de finas carretas a caballo. Eso es desarrollar producto turístico con lo que ya se tiene, ¡que es mucho y que poco apreciamos!

El trazado del Camino Real desde Panamá Viejo hasta Portobelo, la ruta del Oro, donde circuló la mayor cantidad del preciado metal en la historia de la humanidad, invitando al visitante a convertirse en actor, en protagonista de la historia, en el peregrino de una experiencia única. Eso, más que todas las cantinfladas que se ostentan a diario, atiborra hoteles, aumenta significativamente la cifra de turistas y ¡crea un ambiente señero, sublime, extraordinario, invitando a conocer un Panamá auténtico!

El descubrimiento de Balboa el 25 de septiembre de 1513, su escudriño del vasto Mar del Sur reflejado en el espejo del Golfo de San Miguel sobre la cima del cerro Pechito Parao en nuestro Darién, paraje muy accesible, sitio obligatorio de visita para todos los estudiantes istmeños y visitantes de allende, es la cereza sobre el pastel, abriendo así otro capítulo olvidado para nosotros, pero el de mayor relevancia en el desarrollo del comercio mundial. ¡Adelante Panamá, con la pica y la pala, emprendiendo turismo de verdad, optimizando tus virtudes para la multiplicación de los panes y un recreo de clase mundial!

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