Innumerables obras públicas y reformas administrativas
En el día de ayer, 8 de febrero de 2015, conmemoramos el 127 aniversario del natalicio de don Enrique A. Jiménez (1888-2015). Ciudadano ejemplar, político certero, estadista diligente y progresista. Se pudiera decir que fue uno de los presidentes con más recia envergadura que ha tenido la República. Durante el tiempo de su gestión administrativa (1945-1948), se produjo una serie de circunstancias que él supo aprovechar y convertir en realidades que lo acreditan como uno de los estadistas panameños cuyas acciones como gobernante, se proyectan en el tiempo, ampliamente favorables para los intereses de la nación panameña.
En efecto, la administración del presidente Enrique A. Jiménez figura en primera fila entre las más progresistas que ha tenido el país. Como estadista de altura, poseedor de una fina intuición jurídica, resolvió con tino número considerable de los más graves problemas de la vida nacional, y bajo el imperio sereno de las libertades ciudadanas llevó a cabo un vasto programa de obras públicas y de legislación, de esas que por sí mismas pregonan ante la posteridad su magnitud y su trascendencia.
Cada una de las obras ejecutadas por la administración Jiménez respondía a una necesidad sentida y era motivo de economía para el Estado. Algo que estaba por hacer en el conjunto de acciones endilgadas al perfeccionamiento de la institución, y previo un concienzudo conocimiento y estudio de la materia y forma de resolver el problema que se encaraba. En 1945, la República, situada en el punto más céntrico del planeta, carecía de aeropuerto propio. Su tráfico aéreo se efectuaba bajo jurisdicción del gobierno norteamericano por un aeropuerto situado en la antigua Zona del Canal. La respuesta a esta necesidad de progreso y de decoro nacional fue la construcción del Aeropuerto Internacional de Tocumen, en condiciones técnicas y económicas que fueron fruto de los afanes patrióticos y certeros del presidente Jiménez.
En solo tres años de la administración Jiménez (sin contar con la ayuda financiera internacional), la educación pública recibió las siguientes aportaciones: la autonomía universitaria y la donación de rentas fijas que garantizaran a la Universidad de Panamá su permanencia, más la creación de la ciudad universitaria, y se llegaron a construir sus tres primeros edificios en el sitio seleccionado por la administración para tal fin. La construcción del colegio Abel Bravo de Colón; la escuela Artes y Oficios (frente a la Universidad de Panamá); el colegio Félix Olivares de David; los Primeros Ciclos de Chitré y Las Tablas; al igual que numerosas escuelas primarias esparcidas por todo el país. Fue la administración Jiménez la que hizo expedir la Ley 47, Orgánica de Educación de 1946, inspirada por el Dr. José Daniel Crespo, entonces ministro de Educación.
En lo económico son obras de su administración, entre otras, la Zona Libre de Colón (hoy atraviesa lamentablemente por la mayor crisis de su historia en 67 años); el hotel El Panamá (que se mantiene y conserva como uno de los mejores del país); el Aeropuerto Internacional de Tocumen; la creación del Consejo Nacional de Economía, etc. En el aspecto legal, como culminación de esfuerzos combinados, se aprobó y puso en vigencia la Constitución Nacional de 1946, considerada como una de las constituciones más ponderadas y generosas de América, y el Código de Trabajo. Al presidente Jiménez le tocó suscribir otros dos documentos enormemente importantes en el plano internacional: la Carta de las Naciones Unidas y el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, celebrado en Río de Janeiro.
Muy larga y extensa sería la lista completa de las innumerables obras públicas y reformas administrativas que llevó a cabo el presidente Jiménez en solo tres años de gobierno. Pero las antes mencionadas son bastante para caracterizar su acción gubernativa como una de las más fecundas en bienes para la República.
Baste repetir, en pocas palabras, cómo calificó al presidente Enrique A. Jiménez, el Dr. Ricardo J. Alfaro, una de las pocas figuras en la historia republicana tan rica en experiencias y en saberes: “Fue un gran presidente, patriota y talentoso, dinámico y concienzudo, que se consagró en cuerpo y alma al servicio de la Patria”.