Inquietudes sobre la ley de cine en Panamá
Hay un tema de esos que termina felizmente como un esfuerzo de varios gobiernos. Se trata del caso de la ley de cine. La iniciativa se inicia en el gobierno de Martín Torrijos y culmina con la promulgación por parte del gobierno de Ricardo Martinelli de las modificaciones a la ley que fija el régimen especial de la industria cinematográfica y audiovisual estableciendo incentivos dirigidos a actores y otros profesionales relacionados con la industria local.
Puede parecer frívolo y hasta extraño que esté planteando este tema. Lo que me llama la atención es que ya hay sectores dentro del nuevo gobierno que están planteando realizar modificaciones a lo actuado anteriormente. Y aquí es donde ponemos la luz en la oscuridad. ¿Qué necesidad hay de que cada gobierno modifique esta ley?
Hay leyes que tienen que ver con industrias muy específicas, como es el caso de la conocida ley de cine, que con estas acciones terminan beneficiando a todos, menos a los que realmente se deberían beneficiar. Panamá es un país que, en teoría, está a la vanguardia en conectividad y logística en la región. Sus paisajes y contrastes deberían ser una gran motivación para que productoras de todo el mundo vengan y nos apoyen con sus trabajos a promover el turismo de un Panamá que cada día recibe más beneficios de este segmento, también llamado la “industria sin chimenea”.
De ahí que no me extraña que se hable de modificar esta ley. Lo malo es que nunca se sabe con qué fin terminará. Miles de jóvenes en nuestro país han logrado, al menos, tener la oportunidad de voltear la mirada a este sector que siempre nos estuvo vedado. Recordemos que vivimos en un país donde el teatro, la actuación, la danza y la música en general son expresiones que nunca han contado con el apoyo de la empresa privada y del Gobierno como se hace en otros países de la región.
Los discursos gubernamentales de transparencia y honestidad siempre terminan filtrados por este tipo de grietas. Uno que otro genio ve la oportunidad de llevar adelante su muy personal proyecto de mejoramiento social, y al llegar al poder termina empujando modificaciones que para el común de la sociedad no son visibles, pero al final inciden de manera significativa en aspectos de la vida nacional, lo cual casi siempre resulta en un problema a largo plazo.
YA HAY SECTORES DENTRO DEL NUEVO GOBIERNO QUE ESTÁN PLANTEANDO REALIZAR MODIFICACIONES A LO ACTUADO ANTERIORMENTE. Y AQUÍ ES DONDE PONEMOS LA LUZ EN LA OSCURIDAD. ¿QUÉ NECESIDAD HAY DE QUE CADA GOBIERNO MODIFIQUE ESTA LEY?
En los albores de una discusión sobre la necesidad o no de una constituyente, así como componerla y desarrollarla, que figuras de un gobierno inicien su gestión postulando modificaciones a leyes que nadie ha solicitado siempre es sospechoso.
Hay temas que deben dejar de ser tratados por los gobernantes como moda. La ley de cine es uno de ellos debido a su matiz internacional y las connotaciones en medios internacionales que conlleva. Justo en momentos en que industrias como la venezolana colapsan por las ejecutorias cantinflescas de sus gobernantes.
Recuerdo que, hace unos años, el embajador de un importante país europeo que se reunió con uno de los mandatarios de nuestra reciente democracia nos contaba cómo se desarrolló una insólita reunión. Mientras él estaba planteando la reanudación de una serie de convenios bilaterales que beneficiarán tanto a su país como al nuestro, uno de los superasesores, de esos que nunca faltan en el entorno presidencial, cuya oficina nadie sabe dónde está y solo aparece cuando hay una reunión con estas características, le inquiría al diplomático una y otra vez por un proyecto sobre camarones. El embajador no podía creer que este personaje estaba saboteando la reunión solo para salir de la misma con la lista de temas que era necesario modificar a la respectiva ley en la Asamblea Nacional para poder llevar a buen puerto su “negocio”. Escandalizado, el embajador pidió traslado de país.
Siempre nos estamos quejando de la posibilidad que extranjeros nos roben el mandado al venir a residir en Panamá y aprovechar nuestras carencias, como la falta de profesionales en aspectos como el cine. Muchos panameños lo único que necesitan es, además del apoyo de los particulares y el Estado, en ese orden, algo de estabilidad para que podamos contar con otra actividad económica rentable de gran impacto.
No todo en nuestro país puede ser improvisación y el juegavivo político. La ley de cine es el inicio de una serie de iniciativas para que nuestro país descubra, a través de sus beneficiados, una forma de empujar opciones de trabajo de muchos panameños.