Insegura seguridad
El posible traslado de efectivos del Sistema Nacional de Fronteras (Senafront), entrenados para la custodia de la soberanía territorial y combate contra el narcotráfico, sobresalta a la ciudadanía. La frontera con Colombia es una de las vías más recurridas por el narcotráfico internacional para introducir estupefacientes con rumbo a Estados Unidos. También se aprovechan las trochas del escenario selvático de Darién con el siniestro tráfico de inmigrantes ilegales originarios de países de Asia y África. Debilitar o abrir esta conocida puerta de ingreso representa en cierta manera hacerle el juego de las mafias del crimen organizado y movilizar las acciones de otras formas espúreas del trato de personas.
El Ministerio de Seguridad ha invertido millones en la formación y entrenamiento de unidades especializadas en el control de las fronteras con Colombia y Costa Rica.
Mientras los narcotraficantes aprovechan la espesura selvática de Darién, donde opera la guerrilla de las Farc en alianza con las mafias, la frontera con Costa Rica tiene escenarios urbanos y rurales que por su vastedad resultaba difícil vigilar. Bajo la dirección del ministro José Raúl Mulino se ha ampliado el control de las unidades del Senafront en los parajes fronterizos con Costa Rica, donde no existía presencia policial, lo que ha contrarrestado diversas actividades ilícitas, desde contrabando de ganado, ingreso de personas sin visa hasta la salida e ingreso de drogas.
Este enorme esfuerzo de seguridad no puede echarse por la borda sin sopesar las graves consecuencias que acarrearía que las unidades rurales del Senafront sean dedicadas a perseguir delincuentes por las zonas rojas de las ciudades. Si se enviaran unidades de la Policía Nacional a luchar contra los guerrilleros colombianos y panameños en medio de pantanos y maleza, los resultados serían tan incongruentes como el Senafront en El Chorrillo.
Para combatir homicidios, asaltos y hurtos, puede considerarse el aumento del pie de fuerza estratégicamente distribuido día y noche en las calles rojas de Panamá Metro, Oeste, Chiriquí, dondequiera que se haya intensificado el delito. Hay que atacar las raíces de la delincuencia, dándoles oportunidades a los jóvenes en educación, empleo, vivienda, reestructuración de familias donde está ausente el progenitor que los guíe y encauce positivamente. Pero no pueden darse golpes de efecto de un día para otro, buscando popularidad gubernamental y no una gobernabilidad seria y meditada.
En Panamá se sabe quién es un improvisado, quién un profesional especializado en un ramo determinado. Deberíamos empezar por la difusión amplia de los estudios sobre seguridad, pues la ciudadanía tiene el derecho de conocerlos y debatirlos.
Por lo pronto, el debate ya se inició al conocerse las breves declaraciones periodísticas del nuevo mandatario. Corresponde propiciar la discusión pública sobre las estrategias de seguridad. Evaluar los puntos de vista. Y después adoptar decisiones, pero en forma distinta al control de precios de productos de la canasta básica, método fracasado en todas partes porque, entre otros puntos, permite que burócratas elegidos a dedo decidan desde sus escritorios, el destino de los productores agropecuarios y los derechos de los consumidores.