Inseguridad en la región
La inseguridad que se vive en países de Centroamérica desde hace más de una década, sigue siendo un factor de desestabilización social, política y económica, sin que los Estados encuentren una solución satisfactoria.
Aunque los niveles de violencia son impresionantes en varios países, hay poca conciencia sobre el establecimiento de políticas públicas claras, definidas y de acción a corto y mediano plazo, ya sea a nivel individual como Estado o regional a través del Sica.
En Centroamérica, se conoce que los países del llamado “Triángulo del Norte”: Guatemala, El Salvador y Honduras, registran las más altas tasas de inseguridad y violencia, no solo de la región, sino del mundo.
Honduras ha sido calificado como el país más violento, con una tasa de homicidios de 86.5 por cada 100,000 habitantes (Estado de la Región, 2012), seguido por El Salvador, 69.2 por cada 100,000 habitantes (PNUD, 2013), y Guatemala con 34.1 por cada 100,000 habitantes (PNUD, 2013). Dichos datos sumados a los que tienen en mucho menor rango los restantes países de Centroamérica, pero que no dejan de ser preocupantes al presentar tasas de 10 homicidios por cada 100,00 habitantes, han hecho que Centroamérica sea considerada la región más peligrosa del mundo.
En el “Triángulo del Norte”, las percepciones de inseguridad que tiene la población también están dirigidas a las acciones de las pandillas/maras, en primer lugar; el crimen organizado, en segundo, y la delincuencia común, en tercer puesto. Mientras en Nicaragua, Costa Rica y Panamá la delincuencia común es la principal percepción de inseguridad de los habitantes.
En Centroamérica, los Gobiernos destinan una parte de sus esfuerzos en combatirla, aunque existan diferentes percepciones de cómo enfocar el problema. Se ha calculado que la región gasta al menos un 7.7% del PIB (Banco Mundial, 2011), en atacar los problemas generados por la inseguridad, lo cual conlleva a una pérdida de recursos necesarios para otros problemas como salud y educación.
Centroamérica tiene que avanzar en esfuerzos de todos los sectores de la sociedad, con la puesta en práctica de políticas públicas y privadas dirigidas a mayor generación de empleo e inclusión de todos los sectores sociales, tener instituciones sólidas y transparentes, cuerpos policiales profesionales, y dar fuerte énfasis en la rehabilitación e inserción de las personas inmiscuidas con la delincuencia, con el fin de obtener resultados positivos en el mediano y largo plazo. Ya existen experiencias exitosas en otras naciones, es hora de que Centroamérica retome esos ejemplos exitosos y salga adelante.