Instalar la percepción como realidad puede ser un peligro para el país
Guillermo Antonio Ruiz /Ingeniero. Analista político.
Como hace mucho no sucedía, el país está bajo una matriz de opinión, en la que lo que sucede no necesariamente se ajusta a la realidad. Esto tampoco significa que algunas cosas que se presentan en los medios y redes sociales no estén ocurriendo.
Me inquieta que para muchos panameños, el tema de sembrar intranquilidad por temas que no tienen la gravedad que se presentan no les preocupa. Todos vivimos en el mismo país. Si la economía va mal, a todos nos irá mal. Si es un país inseguro, a todos nos irá mal.
MUCHA GENTE ME DICE QUE UN TÍO, UNA SOBRINA, UN VECINO..., TODOS HAN SIDO ASALTADOS O FUERON TESTIGOS DE UN HECHO DELICTIVO. NO TIENEN IDEA DE CÓMO FUE.. LAS ESTADÍSTICAS REVELAN QUE EL PROBLEMA NO TIENE LA MAGNITUD QUE SE PRESENTA.
Las redes sociales y los programas de opinión de radio y televisión se encuentran saturados en este momento de temas relacionados con la "creciente inseguridad" en Panamá. La verdad es que personalmente me gustaría que la situación sea tal, que tal como lo hace la policía de Noruega, solo sea necesario gastar 2 balas al año en todo el territorio nacional.
Y es que les hemos dado la espalda tanto tiempo a los temas reales, que preferimos seguir, tal como nos lo presentan los opinadores del caso, los temas que quieren de la forma como más les interesa.
En el caso de la inseguridad, es casi imposible que no la sintamos. Bajos salarios, desempleo juvenil provocado por la falta de competencias para acceder a salarios dignos y la falta de formación para que los jóvenes emprendan e innoven, se ha convertido en una bomba de tiempo que pareciera se prefiere ocultar detrás de una necesidad de hacer operativos policiales diarios que no tendrán ningún resultado en el tiempo.
Así las cosas, constantemente vemos que se habla de casos puntuales y se les repite una y otra vez. Es más, en las redes sociales ya es un clásico que situaciones delincuenciales de otros países y algunas que sucedieron hace algún tiempo sean magnificadas y repetidas una y otra vez, lo que genera un clima de intranquilidad ciudadana preocupante.
Mucha gente me dice que un tío, una sobrina, un vecino, un amigo, todos han sido asaltados o fueron testigos de un hecho delictivo. No tienen idea de cómo fue, pero sí conocen la historia. Y sí está sucediendo, pero las estadísticas que se manejan revelan que el problema no tiene la magnitud que se presenta.
Esto es porque la matriz de opinión sobre el tema les ha dado resultados a quienes están detrás de la misma. Es muy conocido el caso en España de las personas que están seguros de haber visto en directo la transmisión de la toma del Congreso el día del golpe de Estado de 1982. La verdad es que, a pesar de que se cuentan por miles los que así lo aseguran, esa transmisión nunca sucedió y lo que todos vieron fue una trasmisión posterior.
El caso de la economía es aún más patético. Se insiste en presentarnos un caótico y apocalíptico panorama donde el país va a caer del 6% al 5.9% y por eso está desacelerado y en vías de una crisis que alejará la inversión y generará un desempleo histórico.
Es un poco extraño que quienes así lo presentan luego, casi sin que se les entienda, igual reconocen al país como el líder en crecimiento económico en toda América Latina, a pesar de lo anterior. Y cuando llegan a este punto, recuerdan la enorme desigualdad que vive nuestro país.
Si los políticos no entienden que vivimos en el mismo lugar, y si les va mal a unos, nos va mal a todos, van a terminar destruyendo un país lleno de potencialidades que terminará siendo otro Estado latinoamericano cuyo destino pudo haber sido el mismo de prosperidad que gozan muchos europeos y asiáticos, pero nunca fue.
Basta de poner en la mesa temas para que el pueblo los siga como corderos y terminen repitiendo inexactitudes y literalidades fuera de contexto.
Lo que necesitamos son planteamientos de fondo, propuestas concretas, soluciones de largo plazo y, sobre todo, buenas ideas. No es correcto acabar con todo lo bueno que hay, que se ha construido entre todos, solo para satisfacer las aspiraciones políticas de unos pocos.
La traición a la Patria, si bien ya no se castiga con fusilamientos, debería ser repudiada con mayor vehemencia. No es de patriotas instalar temas que solo beneficiarán a quienes compiten contra nuestro país. El momento de definir los liderazgos es ahora. La única forma que entendamos que tenemos un destino importante es que tomemos las riendas de nuestro futuro y nos independicemos de los pequeños grupos de poder, esos que piensan que la patria boba aún no ha culminado.