Insurgencia
No es que tenían que mostrármelo para creerlo. Mas bien sí, era necesaria una imagen para volver a desenmascarar aquellas “luchas” en la densa selva colombiana arrastrando a más un hombre encadenado por el pescuezo que además del peso de su mochila lleva en la espalda una angustia interminable. Miles pasaron meses o años en caletos sin tener contacto con otro ser humano, hasta que sus captores les diera la gana de liberarlos.
Así mantienen a sus camaradas encantados como conejos detrás de la zanahoria con un discurso muy ad hoc al lugar que habitan. Expresiones retóricas apoyadas en aquellas debilidades del capitalismo que desembocan en los explotados, la lucha de clases, la miseria, la riqueza del país vs la pobreza de los oprimidos. Siempre habrá verbo para eso, pero también hay quienes pagan con su libertad esa fumarola de ideas que se enmascaran en el narcotráfico, la extorsión, asesinatos, secuestros y un sin número de acciones contradictorias a los principios básicos marxistas-leninistas.
No hay boca alguna en las sobremesas decentes de la que salgan bondades sobre ellos. Todo porque en apariencia resulta esperanzador el discurso de igualdad, anti imperialismo, anti consumismo, y todo lo anti que choque con sus propios intereses. Cualquier frase, como la lanzada a punto de sentarse a negociar el proceso de paz con la administración Santos, deja muy claro el antagonismo de su discurso: “las Farc no tienen secuestrados, no ha tenido relación con el narcotráfico y no realiza actos terroristas”.
Pero lo que menos uno espera es ver las nalgas de uno de sus principales guerrilleros, Iván Márquez, vestido de uniforme verde oliva, con el escudo de las FARC en el brazo derecho, lentes de sol, botas de caucho impecables y un “look” de revista, sobre el asiento de una Harley Davidson. Ni el color rojo de la moto es capaz de recordarle la insurgencia Jacobina, o la izquierda antimonárquica y menos el símbolo revolucionario de las masas antioligárquicas. La foto puede arrancar carcajadas por la ridiculez y contrariedad que reflejan los simbolismos retratados, ni hablar de la connotación irónica que transmite su protagonista.
La imagen es evidencia de que el secretariado también queda sometido ante el diabólico capitalismo, que los gustos de la oligarquía son capaces de superar la incómoda ideología marxista y que las tentaciones del consumismo alcanzan no solo a los más ricos, sino a todos, incluyendo a los más hipócritas.