Inteligencia, aprendizaje y vocación
El origen de la inteligencia, sus diversas manifestaciones y grados de desarrollo han sido motivo de muchas investigaciones, sobre todo, a partir del siglo XIX. En el tratamiento del problema planteado --casi siempre-- las investigaciones se han basado ya sea en la genética humana o en las ciencias sociales, lo que, con el correr del tiempo, ha significado desde el punto de vista científico, un proceso de extraordinaria importancia social y política. Tanto para cada individuo como para la sociedad en su conjunto es de enorme importancia práctica el tipo de respuesta que se ha dado y se dé a estos problemas, es decir, a qué factores se atribuyen el rendimiento intelectual y las fallas en el rendimiento: a capacidad heredada o a procesos de aprendizaje, a capacidades de aprendizaje fijadas o variables, a la fatalidad biológica o al destino social.
...EN EL CENTRO DE LA DISCUSIÓN DE LA POLÍTICA EDUCATIVA SE ENCUENTRA ACTUALMENTE EL FOMENTO DEL DESARROLLO INTELECTUAL. LA EXIGENCIA DE EFECTIVA IGUALDAD DE OPORTUNIDADES SE HA CONVERTIDO, AL MENOS VERBALMENTE, EN UN PROBLEMA CLAVE DE NUESTRA SOCIEDAD.
Desde esta perspectiva fundamental, la discusión pública sobre el controvertible concepto de "capacidad" no se ha limitado tan solo a la biología y psicología, sino que se ha convertido en término cargado ideológicamente. Sin embargo, al analizar la gran cantidad de autorizados trabajos de investigación, resulta sorprendente que todavía en esta controversia sobre predisposición-medioambiente se sostengan posiciones extremadamente unilaterales. Por eso no resulta extraño que los estudiosos pronto lleguen a la trivial comprobación de que tanto los factores hereditarios como las condiciones de educación actúan conjuntamente en el desarrollo de la inteligencia y, por lo tanto, también tienen que ser tenidas en cuenta en la explicación de las diferencias de inteligencia entre los diferentes individuos.
Así, en el centro de la discusión de la política educativa se encuentra actualmente el fomento del desarrollo intelectual. La exigencia de efectiva igualdad de oportunidades se ha convertido, al menos verbalmente, en un problema clave de nuestra sociedad. Se elaboran nuevos programas preescolares, se transforman los contenidos de la enseñanza, se reforman las escuelas, se ensayan modernos métodos didácticos, etc. Tales planes son esbozados por científicos y por maestros, estimulados por los políticos y apoyados por la opinión pública. Al parecer, ni siquiera los adultos pueden sustraerse de esta tendencia.
Un vistazo a las vitrinas de una librería permite entrever títulos que ofrecen un mejoramiento rápido de la inteligencia, de la creatividad, de la memoria, de la destreza en el manejo del idioma, habilidad social, etc. Por valiosas que sean las sugerencias contenidas en ellos, no está de más prevenir contra las esperanzas exageradas. El desarrollo de la inteligencia es un proceso de aprendizaje enormemente complejo, lento y difícil, y exige muchas condiciones previas. Aun en la época de la instrucción programada y de la enseñanza dirigida por medio de computadoras no es posible, según parece, reemplazar el desarrollo mental por un método perfecto de aprendizaje.
Inteligencia significa para la mayoría de las personas: adaptación, rendimiento, superioridad, éxito, valoración. Desde hace tiempo se preconiza la necesidad de distribuir los puestos de estudio, las posiciones profesionales y los papeles sociales siguiendo como criterio el coeficiente intelectual.
No obstante, en una perspectiva de esta índole se olvida fácilmente que inteligencia no significa solamente cumplimiento conformista de tareas, sino también organización creadora; se olvida fácilmente que el aprendizaje no está relacionado necesariamente con el trabajo, sino que también puede estar relacionado con el juego, y que la capacidad intelectual no constituye únicamente un medio de adaptación, sino también requisito previo de la autonomía personal.
En cuanto dice vocación en concreto no prejuzga los oficios ni las profesiones. Es una llamada a una vida individual e integral. Se encuentra en el cruce de profesiones y oficios. Puede ser uno por llamamiento de la naturaleza y afición de albañil de oficio, como puede un hombre culto convertirse por inclinación vocacional en filósofo. La profesión y el oficio soplan con sus llamadas dondequiera y el talento natural o el desarrollo intelectual inclinan al hombre a seleccionar su vida en forma distinta. Puede ser un filósofo, mecánico o comerciante.
El hacer profesional se ciñe a una inclinación muy personal, y es natural que nuestro trabajo participe, hecho con vocación, solo tangencialmente en nuestro quehacer económico.