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Intimidades con nuestra historia

Por: Redacción 22/01/2015

Lo que se había tornado en un espectáculo de alegría inusitada, pronto lo cubrió el desengaño y la desesperanza con la orden lanzada el 4 de febrero de 1889 liquidando a plenitud la compañía Francesa del Canal, prácticamente en su cuna, la cual había provocado cuantiosas confianzas a sus inicios. El despilfarro fue el consejero de los recursos franceses. Luego de haber cesado los intentos del Gobierno francés concernientes a la construcción de un canal a través del Istmo de Panamá, la potencia del norte, que ya se sospechaban sus designios, tomó la acertada decisión con pretensiones aventajadas de llevar a feliz término la magistral obra que abreviaría las distancias referentes a los diversos puntos del planeta tierra.

Y para ellos, tres aspectos de enriquecida excelencia entraron a desempeñar su rol: lo económico, el sacrificio y la perseverancia y que aliados de forma única sin ofrecer espacio a las dudas ofrendaron todos los caudales laudables para que el sacrificio impresionante y la perseverancia sublime se extendieron de norte a sur. Era el mundo civilizado quien imponía el dedo índice demarcando el rumbo de nuestro destino.

Luego de haberse consolidado el pensamiento norteamericano en la gran tarea de llevar a sus máximas consecuencias los deseos imperturbables, se iniciaba el ejercicio del trabajo ambiental y, precisamente aquí donde es necesaria la atinada intervención del genio, punto crítico de la entrañable personalidad del ingeniero sanitario William Crawford Gorgas, tendiente a acabar la presencia del mosquito que ocasionaba en los pobladores de estas áreas tropicales los estragos más calamitosos a los que se podían exponer los habitantes de estas regiones insalubres. Una peste es un monstruo y hacia él había que enfilar las armas para lograr su exterminio.

Ya en el Caribe se había librado la batalla en contra del vómito negro, lográndose los resultados extraordinarios, siendo en efecto el mismo científico quien decía presente aupado por las evidentes pretensiones de desterrar la pandemia fatal. Era completamente obvio que el echar las enfermedades sería el primer paso a la vista, precisando la adquisición de los hechos notables. Nace William Crawford Gorgas en el año 1854 en Alabama, Estados Unidos de Norteamérica, y en la Universidad del Estado, logra acreditarse el título de Ingeniero Sanitario y, en abril de 1904, arriba el héroe gallardo a los previos canaleros e inmediatamente se entrega a sus labores henchido de voluntad y valentía. La malaria y la fiebre amarilla lo llamaban clamorosamente para empezar la descomunal batalla en los terrenos de la cinta canalera.

Creo no caer en los enfadosos errores al afirmar que nos separan siglo y medio de atraso comparado con los jayanes del norte que en esos momentos se encontraban listos para apresar el mosquito vector, responsable de causar la grave y embarazosa endemia azotadora del destino de los pobres sin cultura. El triunfo de los habitantes de las diversas latitudes de la tierra confían en el saneamiento de sus regiones, para que los pueblos gocen de salud corporal y ambiental. Desprovistos de salud, somos los esclavos voluntarios de los absolutos deseos naturales. Podemos imaginarnos que hasta el momento pandemias como el chikungunya, el dengue, y el Hantavirus aún no han podido ser expulsadas de nuestro medio. Es cierto que necesitamos un Ministerio de Salud Ambiental, solo intuido por estos empeños puntuales podremos eliminar cualquier peligro de nuestro ambiente, relacionado con las enfermedades infectocontagiosas tropicales.

Azufre, aceite, piretrina en polvo y millones de galones de querosín usó Gorgas en sus afanes multiplicadores limpiando las tierras y bosques por donde más tarde pasaría la gran zanja interoceánica, inspirada bajo la atinada sutileza del espectacular trotamundo del éxito fisiológico, hecho esperanzas de los numerosos conjuntos humanos.

Lo más ensalzado de cualquier país es contar con su gente sana, solo así se pueden llevar a efecto las más grandes hazañas que pueblo alguno haya podido presumir. Poniendo a prueba la audacia incesante del hombre empecinado en el logro de los objetivos encumbrados, serán proyectados hacia la cima los anhelos por los cuales hemos bregado tanto. Sin anhelos no podremos degustar los suculentos y agradables sabores que adornan la victoria, y aquellos los alcanzó Gorgas en estas inhóspitas e insalubres tierra tropicales. ¡Estos son los hombres que con sus esfuerzos conmueven el universo!

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Miércoles 5 de agosto de 2026