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Introspección en materia educativa

Por: Redacción 18/10/2016

El tema de la educación siempre será de actualidad, indistintamente del nivel de desarrollo de la sociedad (rica o pobre), habida cuenta de la misma dinámica científico-técnica, del crecimiento natural de la población y de los problemas que vienen apareados a esta.

Ciertamente que en un escenario de subdesarrollo como el nuestro superar los escollos relacionados con estos aspectos es, por demás, equivalente a romper con el círculo de la pobreza y a elevar la calidad de vida de todos los asociados.

No obstante, todo indica que vivimos en medio de una complicidad entre "Pillos y Villanos" manifiesta en las contradicciones y asimetrías reveladas en el actuar de ciertos actores responsables de la gestión de estos procesos educativos y que debería ser, por antonomasia, transformador e impulsador del progreso y no retardador de este. Entre estos actores cabe destacar los de tipo institucional-administrativos y los familiares. En el caso de los primeros es característico la falta de correspondencia entre el gasto presupuestario y la calidad del producto, lo que conlleva a un costo anual por estudiante mayor que el de muchas escuelas particulares (países con partidas similares arrojan mejores resultados); las pruebas Pisa nos ubican en los últimos lugares; colateralmente a un aumento de los ingresos del docente y de la beca universal al margen del esfuerzo académico ejemplar, casi se han triplicado los fracasos; la falta de liderazgo institucional y de criterios académico-profesionales en la gestión termina dando la impresión que no gobierna la institución, sino el gremio, cuyas motivaciones rayan mucho más en lo personal grupal, tal como se reiteró recientemente: conquistas gremiales sin la muestra contundente del nuevo compromiso con la educación. En esto influye, la falta de vocación en el ejercicio de una profesión solo por subsistencia.

Por otro lado, destaca la condición socio-económica de la familia, muchas de ellas disfuncionales condicionando la falta de atención al alumno de quienes serían sus "primeros maestros"; la proclividad hacia lo baladí y al facilismo aupado por algunos medios distorsionadores de realidad. Dicho esto queda la escuela ejerciendo el rol de los padres, la secundaria, cubriendo tareas propias de la primaria y la universidad, con estudiantes, cuyas competencias distan mucho de las requeridas a nivel superior.

La conjugación "perversa" de estos factores nos orientan sobre las raíces del problema, pero además nos señalan la "hoja de ruta" que hay que seguir siempre con la convicción de que la constante es estudiar, estudiar y otra vez estudiar.

Docente universitario

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