Inversión, educación y productividad claman por caminar de la mano
La educación es un eslabón esencial de toda sociedad, pero en Panamá ese fundamento parece enterrado en un eterno olvido.
Crecimiento económico es la palabra que abunda cuando se habla de Panamá, sin embargo la sonrisa se vuelve mueca cuando se pregunta dónde están los profesionales panameños que pueden aprovechar los frutos de esa bonanza, que muchos extranjeros están cosechando en abundancia.
Autoridades y educadores discuten más sobre salarios, lo que no fue y lo que tampoco será, y no logran aterrizar en el núcleo verdadero, la necesidad de una educación de calidad para formar a los futuros líderes del país.
Claro que hay que hablar de salarios y dinero, eso es justo, pero primordialmente hay que zanjar cuánto y cómo se invierte el presupuesto destinado para educación. Urge más que becas y mochilas para formar verdaderos profesionales.
Mientras, los educadores cuestionan el programa de Transformación Curricular y su efectividad, la ministra de Educación, Lucy Molinar, asegura que la dirigencia magisterial no debe seguir perjudicando el sistema educativo y por allí siguen los temas que generan diferencias.
Si se contabiliza, es más el tiempo que se ha invertido en discusiones estériles que en soluciones y fondos que ayuden a mejorar el rendimiento de miles de estudiantes.
Dinero existe y asesores también, así lo demuestran los números, ya que el Ministerio de Educación paga en este renglón 1 millón 251 mil 338 dólares, ahora el cuestionamiento es inevitable ¿qué asesoría brindan en un sistema que cada vez se vuelve más obsoleto e ineficiente? La respuesta ni siquiera la pudieron dar las autoridades cuando este diario se la solicitó hace dos días.
Lo que resulta obvio es que llegó la hora de invertir en los estudiantes para que puedan ocupar las plazas de trabajo que genera la inversión extranjera, el Canal y el auge económico.
