Irán, en el punto de mira de países occidentales
Hace apenas unos días, el Gobierno liderado por Benjamín Netanyahu pidió, por enésima vez, el visto bueno de Washington para llevar a cabo un ataque aéreo contra las instalaciones nucleares iraníes. Sin embargo, el actual inquilino de la Casa Blanca exigió “moderación”.
No se trata, en este caso concreto, de una negativa tajante, sino de un simple “no, pero…” de la Administración estadounidense. De hecho, Barack Obama parece más preocupado por la evolución de la situación en Siria, donde Norteamérica no tiene intención alguna de repetir los errores cometidos durante la mal llamada “intervención humanitaria” de la OTAN en Libia, que acabó con el régimen dictatorial de Muamar al Gadafi, abriendo sin embargo la vía a otros excesos.
El drama humano escenificado por la población siria debería justificar una intervención extranjera. Eso es, al menos, la opinión de algunos gobiernos occidentales, que han tardado muy poco en hacer suya la doctrina de la injerencia humanitaria, ideada allá por los años 90, durante los conflictos de los Balcanes. En el caso de Siria, los intereses de países occidentales pesan más en la balanza que el deseo – legítimo o no – de defender derechos fundamentales de la población civil.
El análisis de la compleja situación prebélica que atraviesa el país abre la caja de Pandora. La única base naval rusa en el Mediterráneo se encuentra en… Siria; los abundantes, aunque ocultos recursos petrolíferos del país están explotados por una compañía alemana; las empresas de telefonía y electrónica están controladas por multinacionales francesas; las armas empleadas por el Ejército provienen, en su gran mayoría, de países de Europa oriental, recién adheridos a la Alianza Atlántica (OTAN). Rusia y China, que se disputan el protagonismo en la región, siguen apostando por su “amigo” Bashar, acorralado por la Liga Árabe, las Naciones Unidas y los países de Occidente. Pero hay más: el Irán de los ayatolás utiliza el régimen de Damasco como punta de lanza en la zona.
Para las autoridades israelíes, la cuestión siria sigue siendo un mero asunto colateral; el objetivo de los estrategas de Tel Aviv es acabar cuanto antes con el “peligro nuclear” iraní. Cabe preguntarse, pues, si después del “no, pero” de Obama los militares israelíes han renunciado definitivamente a su proyecto bélico. Hay quien estima que los políticos de Israel siguen barajando la posibilidad de llevar a cabo una acción relámpago contra las instalaciones nucleares iraníes en los primeros meses del verano. ccs@solidarios.org.es
Analista internacional.
