Irónica y cruda realidad
Los productores agropecuarios venían de un año 2011 repleto de problemas. Los costos de producción habían registrado alzas importantes debido a las fluctuaciones en los precios de los insumos.
La inestabilidad del negocio agrícola ha provocado, en los últimos años, que muchos productores abandonen sus campos y se dediquen a otras actividades.
El cierre de la principal vía de comunicación entre Chiriquí y el resto del país los dejó en problemas.
Fue como un golpe a la quijada que los dejó mareados y todavía no saben cómo reaccionar.
Sus camiones repletos de productos quedaron varados por más de cinco días y en sus campos muchos cultivos se dañaron.
Cientos de quintales de legumbres, frutas y verduras que tenían como destino el Mercado de Abastos en la capital y varias cadenas de supermercados se perdieron.
No tan solo fueron los productores de tierras altas en Chiriquí los que sufrieron la tempestad de este tranque. Los agroexportadores de Alanje, vinculados al Proyecto de Riego Remigio Rojas, dejaron de exportar varios contenedores de frutas. Sus productos debían cumplir con un tiempo de llegada a los puertos y el retraso en la Interamericana lo impidió.
La mano de obra indígena acapara las cosechas de toda clase de productos agrícolas en Chiriquí y otras provincias como Bocas del Toro. Los grupos indígenas son buenos trabajadores y así lo reconocen los productores que operan fincas. Su habilidad de para sembrar y cosechar con mucha eficiencia es admirable.
En Costa Rica muchos caficulturores ofrecen buenos salarios a los indígenas panameños para cosechar su producción. Son especialistas.
Ahora la situación económica no es la mejor para los productores chiricanos y deberán ajustarse los cinturones. Eso contemplaría recortar sus planillas de jornaleros. Todos pierden.
