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Isabel Allende, exponente de la literatura latinoamericana

Por: Redacción 28/10/2015

 

Latinoamérica se determina por un puñado de acontecimientos, por dictaduras, emigraciones, el acendrado machismo, que nos dejan a la luz la valentía, el coraje, la autonomía y un conjunto de hechos que si bien es cierto nos han vapuleado a lo largo de la historia, sin embargo, sellaron y fortalecieron su idiosincrasia como nación.

EL ESPÍRITU PERIODÍSTICO DE ISABEL ALLENDE NO SE DESPRENDE DE SUS OBRAS, AUDAZ, PERSISTENTE Y DESAFIANTE CUANDO DE LA NOTICIA SE TRATA...

Isabel Allende es el ejemplo tangible de esas escritoras que a través de su pluma han narrado su experiencia, sueños, desafíos y, sobre todo, su caudalosa imaginación, tejiendo historias cuyos ejes centrales los definen la presencia de la mujer como sujeto del quehacer literario, la belleza, el surrealismo y la emancipación, esto último representado por Nívea, la que perdió su cabeza, pero jamás sus ideales, la lucha por el sufragio femenino, la reivindicación de la mujer, fiel convencida de que el secreto está en la educación.

Por su parte, el imperio y la autoridad lo descubrimos en Paulina del Valle, en "Retrato en Sepia", la auténtica matrona, creativa, negociante exportadora de los mejores vinos chilenos, semejante al personaje de Úrsula Buendía, figurada por Gabriel García Márquez en "Cien Años de Soledad". En tanto, el toque romántico no puede faltar en las obras de esta escritora chilena, nacida en 1942. Eliza Sommer reviste la mujer que, en búsqueda del amor, es capaz de cruzar los mares, padecer las más indescriptibles peripecias para descubrir que su amante fue una brizna perdida en tierras lejanas y desconocidas.

Pero qué decir de la heroína, valiente, sagaz y guerrera en el personaje de "Inés del Alma Mía". La idea del goce, de la sensualidad como vía de experimentación a través de los sentidos, está muy presente, y la figura del cuerpo, de la mujer en este caso, como mero receptáculo y fuente de placer en el acto carnal es transgredida para colocar a la mujer y al hombre en el mismo nivel. Asimismo, la belleza, el arte y la naturaleza son piezas indiscutibles personificadas en Rosa del Valle, con su porte angelical y exótico originaria de otros tiempos.

Ahora bien, la antinomia cultural se evidencia en el personaje de Blanca Trueba y su hija Alba, perfiladas en "La casa de los espíritus", la primera simboliza las consecuencias de la época, las creencias ancestrales generadas por la cultura machista, en la que la mujer nació para los quehaceres del hogar y parir los hijos que Dios manda, develada en "De amor y de sombra", en el personaje de Digna Ranquileo; no obstante, Alba identifica a los procesos de cambio, rompe con los esquemas tradicionales, es la revolucionaria, sindicalista, la libertaria y la emancipación de los pueblos sometidos a dictaduras castristas.

El asomo de la fantasía y del surrealismo como componente propio de nuestros pueblos se dejan ver en Evangelina Ranquileo y Clara del Valle, clarividentes, capaces de presagiar el futuro, persistentemente resueltas con sentimientos humanitarios, matizados en la mayoría de los personajes de la escritora y acompañadas de las nanas, criadoras de los hijos ajenos, presentes en sus obras, leales, amorosas y al tiempo supersticiosas pero con un caudal de amor y ternura que alcanzó para ver crecer a diversas generaciones.

El espíritu periodístico de Isabel Allende no se desprende de sus obras, audaz, persistente y desafiante cuando de la noticia se trata, encarnada en Irene Beltrán, incansable en su búsqueda de la primicia, la verdad, luchadora de los derechos humanos, representante de la diáspora consecuencia de la dictadura pinochista.

No podría faltar la inexorable decadencia del ser humano, la renuncia a la felicidad por las convicciones sociales y la amalgama de la vejez y el amor, interpretado en su último libro, "El amante japonés", en el que Allende prepara a la mujer para envejecer con dignidad, aceptar con filosofía que la muerte y la soledad son compañeras y finales irreversibles. Alma, con sabiduría y humildad, aceptó la vejez, se fue desprendiendo de sus pensamientos, amores furtivos, bienes materiales y aferrándose a su última quimera con resignación y coraje, semejante a Emma, en "El intenso calor de la luna", de la nicaragüense Gioconda Belli, así como Beatriz Beltrán, si bien con personalidades diferentes, son mujeres con amantes clandestinos y un mismo destino.

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Miércoles 29 de julio de 2026

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