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Islas Malvinas


REDACCION / PANAMA AMERICA

El referéndum organizado por el gobierno del primer ministro David Cameron no parece solucionar, sino más bien agudizar, el conflicto sobre la posesión de las islas Malvinas que Gran Bretaña y Argentina mantienen desde el siglo XIX. Se daba por descontado que los pobladores de las islas votarían a favor a la prolongación indefinida de su [B]statu quo[/B]como territorio británico de ultramar y que se trata de una consulta focalizada entre personas que solo hablan inglés, y no tienen vínculos étnicos, administrativos y culturales con Argentina.

Bajo tan específicas condiciones, la libre determinación de los habitantes resulta cuestionable, razón por la cual el Gobierno argentino rechazó el resultado del referéndum, reiterando la tesis de efectuar una negociación bilateral entre Gran Bretaña y Argentina, como viene sosteniendo desde el año lejano de 1833.

Argentina ostenta una posición ininterrumpida en defensa de los derechos adquiridos sobre las Malvinas por el abandono del territorio insular de las fuerzas militares españolas dentro de la campaña de la independencia. Sin embargo, en 1833, Gran Bretaña ocupó las islas por la fuerza.

El diplomático argentino Manuel Moreno viajó a Londres en ese mismo año a presentar, en idioma inglés, una protesta enérgica por la intervención militar inglesa que constituye, según la histórica posición argentina, una intromisión inaceptable en un territorio insular situado a poco más de 300 kilómetros de la Patagonia, mientras la distancia es enorme con Inglaterra.

Gran Bretaña esgrime la continuidad en el tiempo de la presencia de habitantes de origen inglés; pero Argentina invoca los testimonios diplomáticos de su reclamo sobre las islas. En la Primera Reunión de Consulta de Cancilleres Americanos, Argentina presentó esta proclama: “dentro de las aguas adyacentes al continente americano, en la extensión territorial de costas correspondientes a Argentina, no se reconoce la existencia de colonias o posesiones de países europeos”.

La delegación norteamericana se inclinó al apoyo de la tesis argentina habida cuenta de que la Declaración Monroe también fijó el repudio a la presencia europea en el continente americano con fines colonialistas. Sin embargo, las posiciones diplomáticas varían con los vaivenes de la política internacional.

La Resolución 2625 de la ONU establece que “todo Estado tiene el deber de abstenerse, en sus relaciones internacionales, de recurrir a la amenaza, al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, y en cualquier otra forma incompatible con los propósitos de las Naciones Unidas”. En 1966, Gran Bretaña y Argentina firmaron un documento aceptando negociaciones conjuntas sobre las Malvinas. Desdichadamente, en 1982, la junta militar argentina reivindicó por la fuerza el archipiélago, lo que desencadenó un conflicto bélico.

Se asegura en medios diplomáticos internacionales que el hallazgo de yacimientos petrolíferos submarinos alrededor de las Malvinas se interpone en la búsqueda de la negociación bilateral. Tarde o temprano, más allá de intereses materiales, podrá concluir en fórmulas de avenencia en el contexto de una negociación racional.

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Viernes 14 de agosto de 2026