J. C. Varela y la diplomacia de carrera
Conocido es por la ciudadanía que la designación de Juan Carlos Varela en el cargo de ministro de Relaciones Exteriores de Panamá, obedecía, entre otras razones, a calcar lo que en Estados Unidos ocurrió con Hillary Clinton. Me refiero a que como la misma compitió contra Obama y perdió, decidió mantener vigencia política, a través de la cartera de Exteriores (secretaria de Estado). En el caso nuestro, como quiera que el empuje electoral del hoy presidente Ricardo Martinelli obligó a J. C. Varela, a colocarse a un lado, este decide emular a H. Clinton, repitiendo la experiencia de Samuel Lewis, como vicepresidente y canciller del gobierno de M. Torrijos, y opta por la representación externa de Panamá, aunque su formación profesional, desdijera de tal pretensión.
Desde entonces a la fecha, el pueblo panameño desconoce la forma cómo durante 26 meses, conceptualizó la gestión de la política exterior panameña y su relación con los diplomáticos panameños de carrera que laboran en la Cancillería y en el Servicio Exterior. A propósito de ello, es bueno que se conozca, que a los pocos meses de asumir el cargo, este se reunió con todos los funcionarios de Carrera Diplomática y Consular de servicio en la Cancillería.
Por lo expuesto, se creó una expectativa positiva, respecto a lo que sería el manejo de nuestras Relaciones Exteriores. Sin embargo, con el pasar del tiempo, tal expectación se apagó, ya que no solo la reunión con los ejecutores de la diplomacia profesional panameña fue la primera y última, sino que nunca convocó a concurso para nombrar terceros secretarios ni realizó los imperativos traslados y ascensos en el Servicio Exterior ni mucho menos nombró a ninguno de los únicos cinco embajadores de carrera que hay; al contrario, uno de sus designados “cónsules” políticos demostró ser un ignorante en lo concerniente al país. Más aún, lo nefasto de su gestión no terminó allí, toda vez que intentó cesar a los funcionarios de carrera que sobreviven con míseros sueldos de jubilados y forzar la jubilación de otros, para copar las vacantes con personal de su partido, que como prácticamente la totalidad de los por él designados, jamás han leído una página de una obra de derecho internacional. Por ironía del destino, como todos fuimos testigos, el botado fue él y ¡de qué manera!
Como quiera que estamos ante una nueva realidad en el Ministerio de Relaciones Exteriores, ante el nombramiento del Lic. Roberto Henríquez como ministro de la Presidencia, esperamos que la designación que se realice, subsane de una vez por todas los problemas que de arrastre se mantienen en la Cancillería.
Profesor Titular de Relaciones Internacionales de la UP.
