Jazz del corazón del mundo para América
Han pasado casi cien años desde que un hilarante periodista del New York Times tildara al jazz como “el retorno de la música de los salvajes”.
Lo que en un principio fuera producto de aquella reprimida cultura afroamericana, hoy es reconocido como una de las expresiones de arte musical con más peso y calidad en la historia.
No hay raza ni continente que se le resista. El jazz seduce. Y mucho.
Que el renombrado pianista cubano Chucho Valdés dijera que el Panamá Jazz Festival es “único en el mundo”, ya que además de ofrecer conciertos, educa a niños y jóvenes y también los interesa por la música, es el espaldarazo que se necesitaba.
Porque lo que viene haciendo la Fundación Danilo Pérez desde hace casi una década, bien merece reconocimiento: han apoyado a unos 30 mil niños y tramitado aproximadamente 60 becas para recibir cursos o licenciaturas completas en entidades de renombre musical, tales como la Berklee College of Music, el New England Conservatory y el Conservatorio de Puerto Rico, entre otros.
Ya lo afirmó Danilo: “La verdadera importancia de este evento es que siembra las semillas de los valores en la juventud que siente interés por las artes”.
Por eso, contar con talentos a la altura de una Omara Portuondo –con impresionante registro a pesar de sus 81 años–, Tito Puente Jr. y John Scofield, además de nuestro saxofonista Carlos Garnett, solo este año, demuestra el nivel de exponentes y posicionamiento que el Festival está logrando.
Y hoy, con su cierre en una repleta Plaza de la Catedral del Casco Antiguo de la ciudad capital, será la evidencia de que en la república de Panamá también se vibra y goza con el jazz.
