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Jesús nos invita a trascender


En medio de las celebraciones por semana santa, subyace un mensaje del que no podemos ser ajenos: ¿Qué hago para que mi vida se parezca de algún modo al modelo que Jesús nos dejó?

Más allá del derecho legítimo que tenemos de usar estos días como tiempo libre, estamos llamados también a reflexionar sobre el sentido cristiano de nuestra vida y preguntarnos cuántas veces hemos negado con nuestros actos a Jesús y en cuántas ocasiones hemos sabido empezar de nuevo.

Conviene recordar que lo que importa no es no caer, sino aprender a levantarse siempre. El amor de Dios siempre estará por encima de nuestros errores y defectos.

Pedro negó y Judas traicionó a Jesús, pero Pedro se arrepintió y su amor por Dios se hizo inquebrantable. Sin embargo Judas se sumió en la soledad y no supo levantarse.

Por la redención de nuestros pecados se tuvo que pagar un precio muy alto: la sangre derramada del hijo de Dios, que fue enviado como muestra irrefutable del amor que nos tiene.

Estos días de recogimiento exigen prontitud en el arrepentimiento y fortaleza en la adversidad. Estamos llamados a acompañarle en su dolor, porque cada uno de nosotros en las actividades de la vida cotidiana se encuentra con inconvenientes, vicisitudes y contradicciones.

La misericordia de Dios es infinita, pero también nos pide que aprendamos a descubrir y poner los medios humanos que tenemos a nuestro alcance para agradarle y cumplir fielmente su voluntad.

La semana santa exige darnos tiempo para hacer una autocrítica sincera de nuestro actuar en la vida, en qué medida amamos a los demás como a nosotros mismos. Cada instante de la pasión de Jesús debe ser motivo de meditación para darle un sentido trascendente al sufrimiento. Superar el dolor con amor. No se trata de caer en el perfeccionismo ni en la santurronería. Lo que importa es reconocer con humildad nuestras carencias y poner nuestro mejor esfuerzo por transformar cada segundo en una muestra de amor a Dios.

Los valores cristianos que transmitió Jesús se convierten en un punto de referencia que ilumina la oscuridad espiritual que azota a nuestra sociedad. El ejemplo de Jesús y la generosidad infinita de dar su cuerpo y sangre por redimirnos del pecado son insoslayables. La vigencia del mensaje de Jesús debe llamar nuestra atención sobre los motivos para servir a los demás. Dotar de un sentido más hondo a nuestra existencia. Arranquemos de nuestra voluntad, un propósito concreto que nos permita mejorar como personas.