Jesús quiere que seamos humildes
Jesús, al ver a una gran muchedumbre reunida, subió a un cerro. Allí se sentó y sus discípulos se le acercaron. Comenzó a hablar y a enseñarles. En ese monte, Jesucristo pronunció las palabras que son conocidas como el sermón de la montaña.
En la primera enseñanza de las bienaventuranzas, dice Jesús: “Felices los que tienen espíritu de pobre, porque de ellos es el reino de los cielos “. ¿Quiénes son los que tienen espíritu de rico? Los orgullosos, altaneros, soberbios, auto suficientes, los que piensan que no necesitan de Dios. A esos necios que creen que lo pueden todo por sí mismos les preguntamos: ¿Quién te dio la vida? ¿Quién creó todo esto que existe? O es que acaso, ¿tú decidiste venir y nacer en el año y día tal; tú decidiste nacer mujer u hombre; tú te diste la vida? ¿Tú sabes cuándo vas a morir? Ni el aire que respiras lo has hecho tú, como tampoco los pulmones que te ayudan a vivir. “No seas necio”, dice la palabra. La sabiduría de Dios nos dice que sin Él nada somos.Por eso dice Jesús que felices los que tienen espíritu de pobre. La frase “espíritu de pobre” identifica a los que piensan que sin Dios no pueden ni respirar y que gracias a El están aquí. Los que tienen espíritu de pobre dan gracias a Dios por estar vivos y por haber visto hoy la luz del sol, levantarse, caminar, descansar, convivir con la gente y amar.
El reino de los cielos es de los que tienen espíritu de pobre, dice la palabra. Entonces yo te pregunto: ¿Eres soberbio o humilde, orgulloso o modesto, altanero y patán o eres una persona humilde y sencilla que reconoce y sabe que el único, el Absoluto, es Dios? ¿Cómo eres tú? Si eres orgulloso, soberbio o altanero, la palabra dice que Dios rechazará todo eso con el poder de su brazo. El orgulloso cultiva la estupidez humana, porque ¿Quién puede ser como Dios, creador del universo entero? ¿Acaso tú, algún otro ser humano, un país o imperio? Los imperios son destruidos, se acaban y sólo permanece Dios. ¿Dónde quedó el imperio romano o el egipcio? ¿Dónde están los reinos de la edad media? Todo es pasajero y la realidad no deja de cambiar.
Normalmente cuando un imperio se “convierte en dios”, su propia fuerza degenerativa de inmoralidad y de inercia por los vicios sociales, lo lleva a la decadencia. Cuando una sociedad deja de tener por referencia plena a Dios, al dejar atrás el respeto y el temor por lo divino, los frenos morales se deshacen y viene el caos. Solamente con la ayuda de Dios podrás lograr alcanzar los niveles de calidad humana necesarios para convivir en paz y amor con tus hermanos y recuerda que ¡con Dios, quien es amor, serás invencible!
Monseñor.
