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Jobs mejoró calidad de vida de millones de personas


Nunca acepté que me impusieran ideas.
Mi capacidad racional debe analizar todo antes de que lo dé por verdadero o razonable. Así, siempre desconfié de lo que me ensañaban en el colegio, sobre todo de la “historia oficial” donde caudillos, generalitos, generalotes y comandantes, degolladores a diestra y siniestra eran los “héroes” libertadores. Es que, precisamente, lo que le da “vida” al Estado moderno es la violencia en cuyo monopolio basa su “autoridad”: todo lo coacciona e intenta imponerlo usando su poder de policía y militar.

Es imposible aquí discutir en profundidad qué es la historia como ciencia, pero el principio filosófico está claro: ciencia es aquello que hace al conocimiento humano, y la violencia destruye al hombre. Así, nunca la “historia” de la violencia puede ser verdadera historia que es la que hace al desarrollo humano, es la que ha hecho Steve Jobs, un héroe que pasó penurias como hijo abandonado, hambre y finalmente el cáncer, que no pudieron con su empeño por aportar desarrollos para mejorar la vida de sus congéneres.

Recordemos que, en 2007, Fortune puso a Jobs primero entre los hombres más influyentes y poderosos del mundo empresarial porque había revolucionado al mundo en 1977, cuando lanzó la Apple II iniciando la era de las computadoras personales y, luego en 1985, cuando su popular Macintosh estrenó su interfaz gráfica. Además de introducir las impresoras láser y aportar al negocio de las películas animadas con Pixar, desde que se reincorporó a Apple en 1997, revitalizó la compañía gracias al lanzamiento del iPod, el iTunes y el iPhone, abarcando así cinco áreas como la informática, el cine, la música, la distribución y la telefonía inalámbrica.

Pero, ¿cuánta ayuda estatal recibió? ¿Educación gratuita, subsidios o fondos para investigación y desarrollo? En un discurso pronunciado en la Universidad de Stanford, describió lo que recibió. Empezó reconociendo que nunca se había graduado. Al contrario de los “héroes” políticos, que hacen todo con dinero ajeno, comenzó en el garaje de una casa, sólo a partir de su iniciativa personal y gracias, eso sí, a la libertad que tuvo para hacerlo. Su lema “mantente hambriento, mantente audaz” contrasta con el estatismo que pretende (y no logra) tener todo ordenado y pre diseñado para que no haya “hambre”. Al contrario de los Estados modernos cuya violencia destruyen la riqueza social, los aportes de Jobs aumentaron la calidad de vida de millones de personas.