Jorge Illueca, arquitecto de la diplomacia panameña
El país se encuentra consternado ante la partida del expresidente de la República, Jorge Enrique Illueca Sibauste, panameño benemérito y preclaro quien desde su juventud se entregó a la causa nacionalista y como rasgo notable de su gestión pública dio lustre y coherencia a la diplomacia panameña en la histórica determinación de darle fisonomía a la identidad de una nación, percibida hasta entonces como un ostensible protectorado extranjero.
De la personalidad sobresaliente del Dr. Illueca se generarán testimonios en su trayectoria apasionante como hombre público: dirigente estudiantil, profesor universitario, abogado, diputado y periodista, que sin duda alguna aquilatan sus grandes merecimientos y su gran capacidad intelectual, incluso en su gestión como estadista en los cargos de Canciller, Vicepresidente y Presidente de la República.
Sin embargo, quienes tuvimos el privilegio de conocerle, nos motiva reflexionar en estas cortas líneas sobre su legado en la diplomacia panameña. El expresidente Illueca fue uno de los más insignes panameños de los últimos tiempos, testigo presencial de las grandes transformaciones que experimentó el mundo desde la guerra fría a la transición del siglo XXI, como profundo conocedor del procedimiento internacional y experimentado diplomático participó en la construcción de la visión estratégica en la lucha generacional por las reivindicaciones soberanas que preconizó el General Omar Torrijos. Fue gestor con Aquilino Boyd y Juan Antonio Tack de la exitosa convocatoria en Panamá del Consejo de Seguridad que concitó el amplio respaldo mundial a la causa panameña. Como firme creyente de la diplomacia multilateral durante los últimos sesenta años, el Dr. Illueca estuvo vinculado a Naciones Unidas, tribuna desde la cual defendió con firmeza las legítimas reivindicaciones soberanas para erradicar el enclave colonial. En reconocimiento de sus méritos fue elegido presidente de la XXXVIII Asamblea General, cuyos invaluables aportes están documentados en los archivos de la Cancillería y en Naciones Unidas.
Hombre de templanza, de aguda visión humanística y de profundas convicciones patrióticas, en momentos críticos de la nación, abortó los siniestros planes para darle continuidad a la Escuela de las Américas, cuya presencia en la zona del Canal laceraba la dignidad democrática y los derechos humanos de los pueblos latinoamericanos. Illueca fue obsesivo enemigo de las intervenciones militares, amante de la paz y del desarme, conciliador por antonomasia de soluciones pacíficas, vehemente impulsor de los derechos humanos, la erradicación del Apartheid y de toda forma de colonialismo, se distinguió también como un entusiasta promotor de las relaciones con la República Popular China. Además se identificó con la convivencia pacífica de los pueblos en Palestina y enarbolo con espíritu solidario las causas latinoamericanas como: el injusto bloqueo a Cuba, la reivindicación soberana de las Malvinas y el inalienable derecho a la salida al mar de Bolivia.
Illueca fue un arquitecto de la diplomacia en la construcción de acuerdos y consensos nacionales e internacionales para la solución de conflictos, un sólido sostén de la integración latinoamericana y del fortalecimiento de la sociedad internacional, quien recibió el respeto y aprecio en las altas esferas internacionales, tanto por su independencia de criterio, como por su probada competencia y valentía moral. Con su desaparición nuestro país y Naciones Unidas pierden a un reconocido internacionalista que prestó invaluables servicios a la causa de la paz en el mundo. Su inesperada partida deja un gran vació en la historia de las relaciones internacionales de Panamá y de América Latina, pero su elocuente legado a las nuevas generaciones reafirman el compromiso histórico de seguir construyendo un Estado próspero, soberano e independiente. Paz a su tumba.
Abogado, analista internacional.
