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Joy

Por: Redacción 17/02/2016

La relación entre humanos y perros es de larga data, originándose antes de que la humanidad empezara a practicar la agricultura. La ciencia arqueológica, de acuerdo a datos obtenidos en la Cueva Goyet de Bélgica, ha encontrado que los perros vivían en estrecha asociación con el hombre, es decir, como animales domesticados, hace aproximadamente 31,700 años.

Si nos guiamos por algunas simples características físicas, esta relación de más de 30 milenios podría parecer, para decirlo de alguna manera, extraña y hasta poco probable. Es así, por ejemplo, que de acuerdo a conocimientos ampliamente difundidos, mientras que el ser humano tiene una agudeza visual mucho mayor que la de los perros, estos, al igual que los lobos, tienen la facultad de la visión nocturna. También es cierto que nuestra memoria visual es muy grande, de manera que podemos reconocer a una persona con solo verla, mientras que los perros necesitarían complementar la vista con el olfato y el oído.

La diferencia entre los humanos y los perros es enorme en términos del olfato que, sin duda, es el sentido más desarrollado de estos últimos. De hecho, los perros tienen entre 150 a 300 millones de células olfativas, dependiendo de la raza, mientras que los seres humanos tenemos apenas 5 millones.

En términos de la audición, los perros son capaces de percibir sonidos de alta frecuencia, por lo que algunos recomiendan hablarles con un tono de voz un tanto más agudo que el normal. El sentido del tacto está más desarrollado en nosotros que en los perros, mientras que también se sabe que el peor de los sentidos de los caninos es el gusto, no siendo esto cierto para los humanos. Hasta en el arco del tiempo de vida somos distintos: mientras la expectativa de vida en Panamá es un poco superior a los 77 años, la de los perros es de cerca de 13 años, tal como lo afirma César Millán, conocido como el encantador de perros.

La pregunta que surge entonces es evidente: ¿cómo es que seres vivientes tan distintos se entienden tan bien? La respuesta tradicional, que desde luego tiene mucho sentido, está dada por la presencia de una relación de mutualismo biológico, en el sentido de que ambas especies obtienen provecho de la asociación, pese a que cada una puede, en principio subsistir sin la ayuda del otro. Quizás los perros hayan perdido esta opción, por lo que para ellos la relación sería simbiótica. En todo caso, de acuerdo con esto, la relación hombre ? perro ayudó a que ambos lograran procurarse de mejor manera la comida. Este tipo de relación seguiría existiendo actualmente en los perros cazadores, pastores, vigilantes, etc.

Aquí lo que se destaca es que la inteligencia de los seres humanos, unida al fino olfato y oído de los perros, promueve una alianza que le da beneficios materiales a ambas especies.

Si bien lo anterior es innegable, a nuestro juicio la relación no se restringe a lo previamente señalado. Quien haya tenido un perro, ya sea de compañía o de cualquier otro tipo, lo puede entender. Personalmente lo pude reiterar en los últimos once años, gracias mi fiel amigo canino Joy, un magnífico labrador color champaña.

El afecto de Joy estuvo ahí incondicionalmente todo el día, todos los días. Según Millán, los perros viven intensamente el momento, a esto se puede agregar que también lo hacen para nosotros los humanos. Ver a Joy asomarse sobre la cama a la hora de levantarnos, recibir la frescura de la madrugada caminando con él, sentir su amor cuando al llegar a casa lo veía subido a su sillón preferido observando por la ventana y moviéndome su cola, para luego pararse frente a la puerta para recibirme, así como su ritual de alegría cuando regresaba de un viaje, son todas cosas que me hicieron sentir más humano. Quizás la función de nuestros amigos caninos es esa: recordarnos la importancia de la solidaridad, del amor, de aquellas cosas que nos hacen felices junto a la naturaleza, alejados del consumismo desenfrenado.

Se afirma que el hombre, actuando por vía de la selección, ha creado al perro tal como lo conocemos hoy. Sin duda, también es correcto decir que el perro ha hecho más humano al hombre. Se trata, entonces, de un vínculo que va más allá de la relación mutualista o simbiótica física, el cual tiene, en el sentido de San Francisco, una dimensión profundamente espiritual. Joy, quien recientemente se quedó dormido, me permitió entenderlo. Gracias, querido amigo.

Economista

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