Juan de Dios Acuña y el vivero de la San Jacinto
Entrevisté a Juan de Dios Acuña en 1988, octavo año de la guerra civil y de la reforma agraria en El Salvador. Nacido en 1925, era analfabeta y buena parte de su vida fue colono de la hacienda San Jacinto, cercana al San Jacinto afluente del Lempa. En 1984 la Financiera Nacional de Tierras, FINATA, la interviene y vende la tierra a colonos y arrendatarios, incluyendo a Juan de Dios.
El Ministerio de Agricultura y Ganadería, MAG y el CATIE, centro de investigación con sede en Costa Rica, establecen aquí uno de los primeros viveros comunales. Su objetivo, introducir el cultivo de árboles que pronto diesen madera, leña, postes y carbón. Como sociólogo del proyecto llamado Madeleña, debía evaluar los aspectos sociales de estos viveros.
A punto de salir al campo me invita la Facultad de Agronomía a dar una charla sobre el estado ambiental de la región y la cuenca del Canal de Panamá. El aula máxima estaba repleta. Sus paredes todas cubiertas de pancartas alusivas a la lucha armada, el triunfo de la revolución y la victoria sobre el imperialismo. Como las ventanas carecían de cortinas no podía proyectar las diapositivas. Pido ayuda. Se para un par de estudiantes y tapan el vidrio con un gran cartelón que decía “Unete a los comandos urbanos del FMLN”. Iba a empezar en eso entran tres profesores, parlante en mano, exhortando a una huelga y a tres 'sentadas' exigiendo aumento al presupuesto universitario. Al salir me dicen “Compañero, gracias por cedernos de su tiempo, pero la revolución es primero”.
Partí al otro día. Por doquier era visible la guerra. Como la guerrilla consideraba la infraestructura blanco legítimo, a la vera de las carreteras yacían dinamitados cientos de postes eléctricos y telefónicos.
Pero retomemos a Juan de Dios,
“Me decía mi papá cuando estaba niño que en las montañas se encerraban espíritus, la siguanaba, una mujer que engañaba a los niños con cositas que les daba. Era un mal espíritu. Yo quedé huérfano a los ocho años. Él me decía 'mirá hijo, voj vaj a oyir volar loj hombres por los aires y vaj a oyir andar de carretas sin bueyes’. ”
“Cuando venimos a dar a esta hacienda habían montañas. Ese río San Jacinto era un gran río. Abundante de agua y arboleras a los lados y grandes pozas. Pero a través de los años el río ha venido mermando, las aguas y las arboleras han mermado”.
“Las montañas se fueron acabando para rozarlas con milpa y maicillo. Yo pedía a la hacienda, ‘onde el mandador, ´porque no me da tal pedazo de montañita que está bonita para rozar´. Así se fueron las montañas terminando en la hacienda ónde vivo yo.”
“Casi todos los árboles se han terminado. Solo hay amate y almendro. No se pueden dejar en los guatales porque dejan sombra y la milpa se pierde si hay arbolitos. A la orilla se puede dejar palitos pie de venado, nuento y guiriguiste para leña. Plantas medicinales la gente poco ha sembrado. Antes había un palo, quina, sacaban cáscara para hervir y curarse el cuerpo”.
“Del 36 para acá me he ganado la vida trabajando mis milpitas. En esta tierra que todavía trabajo me la alquilaban. Al principio pagaba terraje de maíz, a arroba por tareya, después entramos a pagar en dinero, así ordenó el patrón. A 5 colones la tareya. Yo tengo manzana y cuarto, son 20 tareyas de a 12. A veces la hacienda nos mandaba a las fincas del dueño a cortar café en el volcán. Cuando venimos solo 6 colonos habiya, después se fue llenando de gente la hacienda, como cien colonos. Hoy como 77 finateros hay aquí en la hacienda”.
“Esta tierra es buena para maicillo y maíz. Frijol no por ser caliente. La milpa se siembra el 10 de mayo, el maicillo en junio. Un surco de maicillo en la calle del maíz, cuando la milpa entra a jilotear. En noviembre la cosecha del maíz, el maicillo sale a fines de diciembre. Después se queda guataleando, arrancando con el azadón la cabeza al maicillo para que descanse la tierra”.
“La leña es escasa. Van los hombres a buscarla a los potreros el domingo. Antes se bajaban maderitas de los cerros para casas, después la madera se fue agotando con la cortadera de las montañitas. Ya la comprábamos la maderita para casitas, ónde vendían madera. La madera de esta casa me la vendieron en una propiedad. Ha subido el precio de la leña. Hoy está a 70 pesos el pante. Antes se conseguía a 50 pesos”.
“Yo vengo trabajando esta tierra ende el año 50 y todavía estoy trabajándola y si Dios me alarga otros años más, la sigo trabajando”.
Antropólogo