Jubilados se disculpan ante los ciudadanos
Lamentamos las incomodidades ocasionadas a los ciudadanos que, como todavía no son jubilados ni pensionados, no asimilan que nosotros —los actuales abuelos— al exigir que nos permitan envejecer con más dignidad, ordenando ¡ya! el aumento a nuestras escuálidas pensiones y asignaciones, les causemos molestias. Además, los que trancamos las calles estamos sentando las bases para que ellos, que hoy se molestan, sean respetados y tengan en el futuro una jubilación digna y cónsona con los costos reales para vivir una vejez decorosa.
Los comprobantes de los escuálidos cheques que recibimos en la actualidad son pruebas fehacientes del porqué andamos flacos, lentos al andar, estresados y malhumorados. Porque... ¿cómo sobrevivir con $200 cuando el costo, solamente de los alimentos básicos, ya oscila por los $400? ¿Y la electricidad, el agua, los gastos domésticos?
Nosotros, los viejitos de hoy, extrañamos que ya nuestros amados nietecitos no nos dicen con cariño: abuelito, ¡dame para comprar un dulce! Ellos no nos piden nada porque saben que no tenemos ni para la abuelita. Nos vemos en la imperiosa necesidad de cerrar las vías de tránsito, anhelando que nos hagan caso para poder comprar alimentos y las medicinas porque en la Caja de Seguro Social, que con nuestro dinero se hizo fuerte, sólida y financiable, solo hay la receta, y el hacer constantes visitas a las confortables oficinas de quienes les compete atender nuestra necesidad humana, utilizando tácticas dilatorias, transcurre el tiempo inexorablemente con nuestra hambre presente y la justicia a los jubilados y pensionados, ausente.
Pero en contraste a nuestra justa petición, sí hay aumentos de salarios para las enfermeras, los bomberos, los educadores, los policías, las hormiguitas, los custodios de las cárceles, en la Alcaldía capitalina, en las becas para estudiantes, en $120 a los 65 años. ¡Doscientos, trescientos dólares de un plumazo, aumentos estos con los que estamos de acuerdo! También existen los servidores públicos que no tienen ni rango ni jerarquía, pero disfrutan de jugosos salarios de varios miles de dólares, que no se justifican. ¡Y lo último: $480 para embarazadas! Y los abuelos… ¿qué? ¡Nada… ni para comer ni para medicamentos!
Para colmo nos solicitan que tengamos paciencia, que no cerremos las vías de tránsito porque la solución llegará, posiblemente, con el nuevo director de la CSS, porque sí es idóneo para cumplir con las justas demandas de los viejos que todavía robustecemos con nuestros aportes, los fondos de operación de esta institución de salud.
Estas ambigüedades son las que nos enferman con más intensidad que los gérmenes, porque el hambre y las enfermedades no podemos extinguirlas con la promesa de que posiblemente el nuevo director sí posea mando y jurisdicción para hacernos la justicia que nos hemos ganado con nuestro sudor, sangre y lágrimas. Pero ante la duda de que el incipiente funcionario no nos venga también con promesas ambiguas, nos vemos obligados a seguir tocando pailas y arengando con megáfonos para que, con la incomodidad del público en general, se haga eco de nuestra necesidad como algo urgente de solucionar con un aporte mensual de $100, $150, o más… porque ni siquiera, con la feliz iniciativa estatal de la rebaja de los víveres de primera necesidad, que aplaudimos, podemos obtener los alimentos que requerimos debido a nuestros escuálidos ingresos actuales.
Por lo tanto, distinguidos ciudadanos que incomodamos cuando, por necesidad imperativa, les impedimos transitar libremente, a menos que ustedes también participen apoyando nuestras acciones de presión para acelerar la solución al problema de escasez de fondos económicos de los abuelos… tendremos que continuar cocinando sopas sin presas en las calles y avenidas, por lo que les pedimos muy formalmente que sean comprensivos, ¡que nos disculpen!
Un axioma de hasta dónde llegan nuestras necesidades es que de cientos y cientos de jubilados y pensionados afectados, generalmente unos pocos nos podemos reunir para realizar las manifestaciones públicas mencionadas debido a que la edad promedio nos impide caminar, solos o acompañados. Otros viven en lugares donde el sistema de transporte urbano es deficiente; otros confiando más en la suerte que en la justicia, pueden estar en el casino cercano a sus residencias; además de que la mayoría están atendiendo sus tratamientos médicos y delegan en los frecuentes activistas, la lucha por todos los que sufrimos la discriminación por la ofensiva escala de pago a los jubilados y pensionados.