Jueces: superando contradicciones
No existen jueces independientes sin que estos tengan la previa estabilidad y convicción de respeto a la carrera judicial. Las disyuntivas por las que atraviesan los jueces que no gozan de estabilidad alguna en el cargo van, desde la propia duda de que en cualquier momento pueden ser excluidos del sistema o, simplemente, no son tomados en cuenta para ningún tipo de escalafón o ascenso. O mueren viejos y amargados y cuando no frustrados y decepcionados de un sistema al que han servido con devoción y ahínco, la mayoría de ellos, sin que hayan sido tomados en cuenta para nada, salvo para que hagan al sistema operativo y funcional. De estos temas ha sido copiosa la literatura que trata de presentar “al juez en su intrincado laberinto”.
Los hay con vocación para impartir o administrar justicia y también quienes no tienen el mínimo reparo de sentenciar o resolver la causa a ellos sometida con criterios de objetividad, verdadera imparcialidad e impartialidad. No se puede decir lo mismo de los que se convierten en mercenarios y Judas de la noble profesión de juez; trastocan las controversias para hacer de ellas no el caso que deben juzgar, sino la cómoda causa en la que pueden sacar provechos y prebendas de distinta naturaleza, empezando por los beneficios económicos que les reditúen un cierto confort social. Ostentan casas en las playas, penthouses, carros finísimos, pertenencia a clubes sociales, se codean con la farándula del momento, hacen de sus amistades un reducido círculo de abogados calificados como los únicos que tienen acceso a ellos, en fin.
No se puede creer en este tipo de jueces. Jamás. Amigos de la chicana pervierten el juicio, la razón y el Derecho. Son maleables, mareables y caprichosos. Están en el sistema, pero no son del sistema, no tienen clase judicial ni matriz de justicia. Concebidos en la maldad y en la perversión producen mamotretos de sentencias, jamás una pieza jurídica digna de encomio, aun cuando nos devenga en contraria en sus contenidos.
Por ello, soy del concepto de que los jueces y magistrados de mi país no pueden entrar en confrontaciones entre ellos mismos y, por otra parte, con los altos rectores del Órgano Judicial. Tampoco los rectores del sistema con los jueces y magistrados de menor rango. Deben aunar esfuerzos en aras de crear o generar un proyecto de ley que recogiendo el alcance y sentido de la propuesta del presidente de la Corte, superando los puntos en desacuerdo, no signifique de ninguna manera que se invaden los derechos al previo juicio, de la clase que sea, de los operadores acusados o a quienes se les haya probado, que han cometido actos delictivos o deleznables y contrarios a la alta figura del juez.
Reitero, no creo que una mente inteligente y capaz pueda oponerse a la lucha contra la corrupción judicial y mucho menos a la necesidad inminente de acelerar la justicia panameña, sobre todo en los ámbitos civil y penal.
Abogado.
