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Julián Assange ¿Sospecha de violación?


Extraña acusación contra una persona que ha puesto en jaque la discrecionalidad en las relaciones internacionales. Julián Assange, el australiano dueño del portal Wikileaks que ha revelado documentos que dan cuenta de la forma poco ortodoxa como operan ciertas actividades diplomáticas, ha sido detenido a petición de las autoridades suecas por sospechas sobre presunta violación, una medida que parece emular los procedimientos a que tuvieron que recurrir las autoridades norteamericanas en su momento contra Al Capone. En lugar de detenerlo por los crímenes cometidos lo encausaron por evasión de impuestos. Pero ¿deteniendo a Assange se detienen las publicaciones de Wikileaks, o se repara el daño hecho en los últimos meses? Eso es lo que podría esperarse, aunque es evidente que los mecanismos utilizados hasta el último lunes para frenar su acción no habían sido efectivos y sí, de mayor trascendencia, la sospecha globalizada que ha arrojado sobre las relaciones internacionales. Otra consecuencia: las debilidades de los mecanismos de seguridad con que algunas entidades importantes protegen documentos secretos o información sensible. No hay dudas de que Assange ha humillado al Pentágono y con ello a la primera potencia del mundo. Pero la envergadura de una operación como la que ha encabezado el australiano dista mucho de situarlo como único responsable. ¿Quién se esconde detrás de Wikileaks y con qué propósito? Esas son las tareas que siguen después de haber detenido a esta especie de topo que ha puesto en duda las supuestas inmunidades de la tecnología del espionaje.