default

Jumbo ferias

Por: Redacción 02/02/2015

El regreso de las jumbo ferias implementadas por el gobierno anterior oficializa la capitulación final del control de precios del gobierno panameñista. Se les ha cambiado el nombre: ahora se llaman ferias libres, pero el pueblo las identifica con las populares jumbo ferias. Lo sustantivo es que el método más viable de abaratamiento de los precios de productos de la canasta básica es la venta al público sin costos de intermediarios, transporte, y otros factores de encarecimiento.

Las ferias libres deben extenderse por todo el país para que los panameños del interior tengan una variedad de productos alimenticios al alcance de los bolsillos de las personas de menos recursos económicos. El sistema del control de precios tiene consecuencias funestas porque desalienta la producción, crea escasez e intensifica la espiral inflacionaria de los precios libres de regulaciones estatales.

La inconsistencia del control de precios se agrava por el alza de las tarifas de energía eléctrica que golpean a productores, transportistas, intermediarios, comerciantes, en forma de cadena incontenible. Cuando se prometió la instauración del control de precios se conocía la inminencia del incremento de las tarifas eléctricas y su incidencia ineludible en todos los campos económicos.

Los productores agrícolas, perturbados por una crisis histórica, no ven otra salida que asumir la inflación de sus costos y trasladarlos al público. En la secuencia del aumento de costos están los productos industriales que llegan a la mesa de los consumidores. Y por supuesto los mismos consumidores afrontan la merma de sus ingresos porque las facturas de luz eléctrica tienen precios más altos. Ante las consecuencias inflacionarias previsibles, las autoridades debieron congelar, o por lo menos postergar la aplicación de las nuevas tarifas, basándose en la baja constante del precio del bunker, gasolina y derivados de hidrocarburos en el mercado internacional. Sin embargo, el gobierno no tiene reflejos para paliar la crisis inflacionaria, aceptando las nuevas tarifas eléctricas como una fatalidad económica que pudo impedirse con el balance de los bajos precios del combustible que usan las empresas hidroeléctricas, lo mismo que las térmicas que producen energía con bunker.

Por otro lado, las quejas de los usuarios por apagones y frecuentes oscilaciones del voltaje energético llegan a la ineficiente Acodeco sin posibilidad de atender los reclamos por desperfectos y daños a neveras, microondas, televisores, aparatos domésticos en general. Todavía la autoridades toleran que las distribuidoras de electricidad que causan los problemas sean a la vez juez y parte de la resolución de las reclamaciones de personas jurídicas y personas naturales, que obviamente son las más quejosas. El punto de la solución de esta clase de demandas debe estar a cargo de órganos estatales capaces de resolverlos con equidad y prontitud, independientes de las presiones de las distribuidoras.

Mientras los consumidores no ven una salida real a sus demandas, se eleva la escasez de productos regulados como los huevos. Este producto alimenticio de masiva demanda aparece y desaparece de los anaqueles de supermercados y minisúper, sin que las autoridades investiguen por qué se está presentando esta irregularidad del abastecimiento.

Cuando la gente no encuentra huevos y pregunta por qué motivos están escaseando no obtienen respuestas satisfactorias. Nadie sabe si está en marcha la especulación, si la escasez provoca carestía, si hay pestes avícolas, o si no se previó el incremento del consumo por el control de precios. Hasta ahora impera el misterio.

Edición Impresa

Miércoles 5 de agosto de 2026