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Justicia: ¿creemos en ella o no?

Por: Redacción 17/07/2015

La justicia no tiene dos caras. Mal puede tenerla. Máxime que es representada por una bella dama que, además de exhibir una balanza en la cual pesan razones y pruebas para conceder la razón a quien la tenga, se asiste de una pesada espada para herir de muerte a quien pretenda desconocerla, y que luce los encantos de unos voluptuosos senos, seductores, carnosos, y atractivos, amén de una figura bien contorneada por el cincel de los mismos dioses del Olimpo y sobre cuyo cuerpo exótico cae o reposa la suave túnica que viste.

Se cree y piensa que tan solo, es lo normal, la justicia tiene una sola cara. Mal pecado que la justicia se disfrace de justicia y venda apariencia de justicia cuando en el fondo no es más que un pálido reflejo de una nula o insuficiente representación de la real justicia.

La justicia no puede, por otra parte, decirle a los interlocutores o sedientos de ella que se está haciendo justicia y los usuarios del sistema o los oidores y observadores sociales y populares, advierten que se nota alguna selectividad en las investigaciones o en los procesos. No puede ser cierto, del mismo modo, que la ley se aplique de un modo para unos y de otra forma para otros. Que el discurso que se maneja de la ley frente a los amigos del poder tenga una connotación y frente a los enemigos otra. Esto aplica para todos los gobiernos. ¡No aprenden!

Por ello, cuando se habla de justicia, generalmente se piensa en el sistema que integran quienes desde el Ministerio Público investigan y acusan tras la comisión de delitos y los que, desde el Órgano Judicial, administran justicia en nombre de la República y por Autoridad de la Ley. Soslayan a la señora política que todo lo quiere dominar y manejar.

Desde muy temprano, en las aulas universitarias, aprendí que el Derecho tiene notas específicas cuales son: objetividad, coercitividad, imperatividad, heteronomía de la ley, exterioridad, bilateralidad con lo cual destaca, básicamente, su existencia como un instrumento positivo y potable para el Estado y para los asociados. Pero cuando el Derecho, por voluntad humana, pierde tan siquiera una de esas caracterizaciones, deja de ser derecho para devenir en una vulgar parodia de lo que no debe ser un ordenamiento jurídico, sino un claro ejemplar de ser un instrumento para la persecución penal y el atosigamiento o el acoso jurídico de personas o de seres humanos.

Norberto Bobbio, para mí el mejor exponente de una Teoría General del Derecho, ya advertía que la norma jurídica tiene caracterizaciones respecto a su connotación como medio efectivo de control social, atendiendo a la validez de la norma, la eficacia de ella y la justicia de sus contenidos.

No importa tanto la existencia de la norma como su eficacia normativa, lo cual conlleva de modo indiscutido a revisar la puesta en práctica de sus prescripciones, sin atender o mirar la calidad o condición del sujeto. Insisto, un aplicador de la ley que atienda a la subjetividad de sí mismo o a la del destinatario de la norma, pierde de vista toda objetividad y decae en un vulgar ciudadano que tan solo tira piedras a sus congéneres. Será un auténtico lapidario del derecho y de la justicia. No merece, de ninguna manera, llamarse ministro o apóstol de ella.

Por ello, somos del concepto, que el llamado del presidente de la República, respecto a que para el mes de diciembre deben haber concluido las investigaciones que se vienen dando en distintas esferas del Ministerio Público frente a situaciones o actos concretos de corrupción y otros tipos penales, no es más que la advertencia a dichas autoridades de que el país se ha venido desgastando y con ello arrastrándolo hacia un despeñadero de insospechadas consecuencias, de lo cual no escapa ni el propio gobierno.

No se trata, de ninguna manera, de la impunidad de la cual tanto censuramos sus efectos y sus consecuencias en la vida del país, sino de hacer un alto en el camino y ponderar la relación entre subsistencia del país, modelo de país que queremos heredar a nuestros hijos, el país que queremos en los próximos cinco o diez años, la relación moral y Patria, justicia social y beneficio de las grandes mayorías marginadas de la nación, entre otras cosas, o, simplemente, nos seguimos distrayendo en investigaciones en las que hay que saber distinguir si lo que media es un auténtico delito o, de otro modo, irregularidades administrativas que trascienden a una connotación estrictamente administrativa. 

Creo que esto debería ser observado, tal vez por la vía administrativa se podrían conseguir mejores réditos para el Estado que creer que por la vía penal, mediante el aparato perseguidor del Estado, con la presión y la cárcel de las personas, todo puede ser arreglado y con ello escindiendo más la brecha entre pobres y ricos en este país, pero con el rédito adicional del trauma y la amargura de quienes, ante la posibilidad de un eventual retorno al poder –todo es posible-, vendrían con “sangre en los ojos” y sin piedad alguna ni compasión que medie un ánimo de venganza. Y entre tanto el pueblo, creyendo en tonterías que nos quitan la paz y el sueño.

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Viernes 31 de julio de 2026

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