Justicia a medias no es justicia
Por meses los egipcios siguieron de cerca el juicio contra el líder Hosni Mubarak, que los gobernó con mano dura por espacio de 30 años, y que provocó la peor crisis política que se recuerda en Egipto.
Aunque la condena fue de cadena perpetua por los crímenes contra la población que protestó en su contra y que fue masacrada en las cercanías de la emblemática Plaza del Tahrir, la ciudadanía no quedó conforme, porque fue exonerado junto con sus hijos y otros colaboradores en el caso de corrupción.
Para quienes están seguros de que quienes los gobernaron por muchos años les robaron para vivir bien y para hacer jugosos negocios que no se tradujeron en beneficios para el país y sus ciudadanos, la sentencia emitida es una bofetada y una burla y por ello se han tomado las calles para presionar a los jueces y fiscales para que hagan su trabajo y no permitan que los seis liberados por corrupción se salgan con la suya.
La situación en Egipto es crítica, ya que este veredicto se da a conocer a 13 días de la segunda vuelta electoral, y ello podría traducirse en un voto de castigo para quienes buscan ganar la silla presidencial.
Pero hay que tomar en cuenta que pese a todo, Hosni Mubarak entró a la lista de exmandatarios que trataron de jugar con el pueblo y han recibido su castigo, la cárcel de por vida.
La medida no les devuelve a sus muertos ni tampoco el dinero que les robaron, pero le da la satisfacción al pueblo de que protestó y fue escuchado.
Pero a la vez, los ciudadanos le hacen un llamado de atención al sistema judicial y es que aunque no estén de acuerdo con sus decisiones, lucharán para que se haga cumplir la ley --caiga quién caiga-- porque el largo brazo de la justicia debe alcanzar a todos aquellos que la han violado y que se han burlado de la confianza que se les ha dado.
